Hugo Reyna/EnLíneaDIRECTA
Reynosa,Tamaulipas.-Canonizado el 31 de julio del 2002 por el Papa Juan Pablo II, durante su quinta y última visita a México, San Juan Diego, el indígena a quien se atribuye la difusión y aparición de la Virgen de Guadalupe en el Cerro del Tepeyac, sigue siendo actualmente un personaje de claroscuros, en donde lo mismo se ha negado su existencia y el hecho de refutar que haya sido realmente un indio pobre, lo que contrasta con versiones históricas de que realmente era un noble.
Juan Diego, elevado a los altares no obtuvo ni el reconocimiento por ser el intermediario para instaurar la fe en el pueblo azteca, conquistado por los españoles, apenas 10 años antes del milagro que se le atribuye, y desdeñado no solamente por la historia, se empeña más el tiempo en dudar de aquel hecho ocurrido hace 480 años.
El “Nican Mopuhua” del escrito indio Antonio Valeriano, constituye quizás un testimonio privilegiado del proceso de implantación del cristianismo en la Nueva España, se alude por ejemplo que Juan Diego era efectivamente un indígena chichimeca y supuestamente nació un 5 de abril de 1474, es decir cuando se registra la aparición de la Virgen de Guadalupe entre el 9 y 12 de diciembre de 1531, Juan Diego era un hombre de 57 años de edad.
Fue bautizado por los primeros misioneros franciscanos en 1524, en el mismo libro “Nican Mopuhua” que es el primer que alude a la existencia de Juan Diego, lo describe como un hombre sencillo, que se ganaba la vida recorriendo los caminos de su pueblo Tlayacatl.
De acuerdo a la histórica tradición, fue el 9 de diciembre de 1531, muy de mañana, precisamente cuando Juan Diego caminaba por los bordos del Tepeyac, en que se la aparece la Virgen de Guadalupe y le encomienda enviar mensaje a Fray Juan de Zumárraga para que en el sitio se construya un templo de veneración.
La Virgen de Guadalupe le ordenó a Juan Diego que cortara unas rosas que misteriosamente acababan de florecer en lo alto del cerro para llevarlas al obispo Zumárraga en su ayate La tradición refiere que cuando Juan Diego mostró al obispo las hermosas flores durante un helado invierno se apareció milagrosamente la imagen de la Virgen, llamada más tarde Guadalupe por los españoles, impresa en el ayate. El prelado -que en sus escritos no dejó constancia alguna de ninguno de los hechos- ordenó la construcción de una ermita donde Juan Diego Cuauhtlatoatzin viviría por el resto de sus días custodiando el ayate.
Juan Diego muere en la Ciudad de México el 30 de Mayo de 1548, es decir tenía 74 años de edad.
Su fiesta patronal es el 9 de diciembre que pese a que fue canonizado hace 9 años, suele pasar desapercibida su festividad.


