En alguna ocasión escribimos sobre el origen del día 28 de diciembre, considerado como una fecha propicia para que la gente haga bromas de mal gusto y no tanto, para que engañen a los demás y sobre todo, para recordar aquella frase que reza: “inocente palomita, que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada se puede prestar”.
Costumbres que muchos han hecho algo ordinario y cotidiano, y que rayan a veces en una falta de respeto para los demás: el hecho de manejar cosas que no suceden no nos parece que fuera lo mejor de cada día.
Sin embargo, todo tiene un origen religioso: se dice que la fecha es para recordar la matanza que hiciera Herodes cuando nace Jesucristo, ya que, en un afán de no querer nada que le opaque su reinado, mandó sacrificar a los pequeños de apenas algunos días de nacidos. Es como nace la tradición del día de los Santos Inocentes, aunque nosotros hemos dado una connotación distinta, en el sentido de que recordamos que hay que hacer “inocente” –un poco tonto, burlarse- a alguien cercano de preferencia.
Algunos juegan con el día y recuerdan a los precandidatos a la presidencia de la República que en un afán meramente electorero se pasean por los medios de comunicación haciendo ver que son la mejor opción para el entrante gobierno federal; en ese sentido, pretenden que creamos que hemos gozado de una buena administración, y como dijeran algunos especialistas en política, se dedican a descalificar a sus oponentes –en este caso, al PRI- asumiendo conductas críticas, totalmente destructivas, sin proponer nada siquiera que nos haga pensar que serían buenos gobiernos.
Los mexicanos, en un día como hoy, pensamos que las inocentadas que nos juegan algunos servidores públicos nada tienen que ver con la realidad, porque no podemos pretender que alguien crea que el hecho de escribir o informar que no pasa nada y se está ganando una guerra perdida, no deja más sentimiento que el engaño: nos sentimos burlados por quienes en un afán triunfalista y electorero pretenden hacernos creer lo que no es real.
En el caso de los partidos políticos, también hay quienes piensan que es propicio el día para hacer alguna llamada a hijos de destacados políticos para hacerles creer que serán considerados para una senaduría o algún cargo de elección popular, sin importar que sean éstos –los descendientes de buenos políticos- unos auténticos aventureros de la política, con una amplia dosis de oportunismo y espíritu de engaño hacia la ciudadanía.
No debemos mezclar la política con la religión, y eso lo entendemos los mexicanos, ya que nuestras leyes no permiten tal revoltura, sin embargo, hemos escuchado a algunos que se encomiendan a todos los santos conocidos –y por conocer- con tal de ser considerados siquiera en la lista preliminar.
Esos que pretenden vestir igual y ser favorecidos con una adecuada decisión son los que han hecho un daño irreversible al país cuando han tenido la oportunidad de estar en el gobierno; esa gente debe pensar en dedicarse muy seriamente a otra actividad que no sea la política, pero con la firme convicción de no acercarse siquiera a los escenarios donde se gobierna y se decide todo.
Los Santos Inocentes son los que pretenden engañarnos con virtudes no desarrolladas, con discursos no sentidos y malamente leídos, con acciones que no tienen nada de democrático y sí mucho de mentira.
No queremos que nos hagan inocentes en este día ni en el año próximo, por lo que, seguramente, estos personajes deberán hacer algo para que no pensemos que son tan malos como realmente lo son.
Buscamos cambios en los sistemas oficiales, pero éstos deberán presentarse en la medida que todos queramos facilitar la forma de gobernar.
En algunos casos, con una participación muy colaborativa, y en otros más, con la opinión o simplemente, el sufragio que nos permitirá elegir a quienes estarán al frente de la administración durante seis largos años.
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Atentamente: Dr. Carlos David Santamaría Ochoa ¡Ten un buen día!