Con incertidumbre y temor entre la mayoría de los mexicanos inició el año 2012, un año que además de político, amenaza con una vorágine de incrementos en los precios de todo tipo de productos alimenticios; es más, llegó con aumentos, por lo que la llamada Cuesta de Enero inició desde diciembre bajo el pretexto de que había dinero, el poco que a muchos les quedaba de sus aguinaldos y de sus ahorros.
Ahora que inicia enero, lo vemos venir con expectación e incertidumbre, ya que el precio de alimentos tan esenciales como la tortilla, el frijol, la harina, el arroz, la leche, el pan, el huevo y muchos alimentos de todo tipo, se elevó de tal manera, que el tan cacareado aumento salarial del 4.2 por ciento se pulverizó en unos cuantos días. Ello sin tomar en cuenta el alto costo de las gasolinas.
Aquí en la frontera, donde se supone la vida es más llevadera por ser una de las regiones en el país en donde el ingreso per cápita es mayor que en otras regiones del interior, la inflación se siente, y más cuando los miserables salarios no alcanzan ya para nada.
Hay aumento de precio en todo, y lo peor es que la sociedad parece aguantarlo todo, sin quejas ni protestas, sin una aparente molestia que le indique a los voraces empresarios y a la indiferencia de los gobiernos federal y estatales, que es el pueblo el que los sostiene a través del voto, y que si se les sigue pegando en lo que más duele, que es en la economía familiar, muy caro han de pagar el uno de julio de este año.
Tan solo en Tamaulipas, entidad que se había pronunciado a favor de la eliminación de la tenencia a los propietarios de vehículos más o menos en buen estado y modernos, puso en vigor un descarado aumento en el costo de la tenencia, obligación que dejó de costar a partir de ayer lunes dos de enero 732 pesos, para elevarse a mil 63 pesos.
Además, la falacia de la eliminación de la tenencia en Tamaulipas será vigente solo este año, lo que quiere decir que a partir del próximo año entrará en vigor de nueva cuenta, pero con la salvedad de que otro nuevo impuesto, aplicado al impuesto sobre el derecho de tener un vehículo, ya se habrá aplicado.
¿El ganón? Obviamente será el gobierno de Tamaulipas, entidad que no dejará de percibir esos 600 millones de pesos anuales, y por el contrario, los recibirá a través del incremento, el que será parejo para todos los poseedores de vehículos y no solo para los que tengan un auto reciente. Bonitas las matemáticas ¿no?
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Desapercibido, olvidado y sin ganas de ser recordado, pasó sin pena ni gloria el Día del Policía municipal que se festeja cada dos de enero, elementos que desde febrero del año pasado dejaron de patrullar las peligrosas calles de nuestra ciudad.
Ni las autoridades, ni la sociedad, ni los mandos policíacos, ni nadie, se molestaron en evocar a ese cuerpo de seguridad que en otros tiempos era vanagloriado y respetado por su enorme vocación de servicio y una gran ética que era emulada por nuestros niños en forma de juego; eran hombres y mujeres que por voluntad propia u obligados por las circunstancias, dejaron de ser el guardián de la sociedad para convertirse en casi su verdugo.
Pero no todos se doblegaron ante la tentación, no todos mancillaron su honor, no todos traicionaron la confianza popular ni voltearon la vista para darle paso a la inseguridad y al delito; muchos, sí, muchos, aguantaron la tentación y mantuvieron casi intactos, su ética y su moral, pero por igual fueron cesados desde hace 10 meses por falta de confianza.
¿Qué será de ellos ahora? ¿Estarán trabajando en algo? Si el gobierno federal decide no reincorporarlos a sus tareas, ¿se doblegarán a la tentación? ¿en que se ocuparán? Son preguntas sin respuesta y que nadie quiere responder.
Por ello es que el Día del Policía paso inadvertido para todos, al menos en esta ciudad tan flagelada por la inseguridad y la sinrazón de una violencia que pega parejo y no da tregua, pero, ¿hasta cuándo se detendrá?
Tal vez por eso el escritor y poeta mexicano, José Emilio Pacheco, a quien conocí y con quien platiqué hace algunos años en la Universidad de las Américas, en la bellísima ciudad de Cholula, Puebla, escribió un poema que sin saberlo, encaja a la perfección en esta tierra norteña:
‘Nuestro pueblo practica la moral; y hace de cada acto una lección ética. Aquí nunca enterramos a los muertos; los dejamos pudrirse en la plaza pública; para que esta final humillación; nos obligue a mirarnos como somos’.
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Raúl Benigno Gutiérrez Méndez, contralor municipal en esta ciudad, dio unas declaraciones que de seguro pondrán a temblar a muchos empleados municipales, ya que dijo que de enero a marzo unos 200 trabajadores serán cesados.
Y aunque no dijo las verdaderas razones de la separación de la nómina, podemos entender que el cese puede ser por no haber reunido el perfil que el presidente municipal, Benjamín Galván Gómez exigía para llevar a cabo su proyecto de gobierno.
Es entendible la decisión, porque el alcalde requiere de hombres y mujeres que además de ser de fiar y leales, tengan la capacidad suficiente como para participar en la toma de decisiones sin la total tutela del edil pero tampoco con la suficiente autonomía como para ser protagonistas.
Lo notable del futuro cese es que ya no solo serán trabajadores de base, es decir, empleados simples, sino que ahora abarcará a funcionarios de mediano y tal vez alto nivel.
Ya se habla por ahí de un regidor o una regidora que presentarán su renuncia para cederle el lugar al suplente. Además, dicen quienes saben más de esto, que algún funcionario de la secretaría de Desarrollo Económico, otro del Instituto para la Competitividad y el Comercio Exterior, y tal vez algunos directores, serán sacrificados para sustituirlos por hombres o mujeres que enderecen el barco municipal que está haciendo agua.
Tengo algunos nombres que me facilitaron, pero por ética y para no cometer yerros, los dejaré en mi libreta hasta que de manera oficial se den a conocer dichos ceses ya anunciados por el contralor; tal vez haya sorpresas inesperadas.
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En la primera ceremonia cívica del año, no solo la ausencia del alcalde fue evidente, lo fue también la ausencia de funcionarios y regidores que decidieron ampliar sus vacaciones de fin de año, y no asistir a esta ceremonia que por Ley y por norma constitucional, deben respetar y cumplir.
A excepción del alcalde, quien puede ausentarse de esta ceremonia por ser un acto cívico cuya ausencia se puede justificar, los regidores y funcionarios comisionados al área educativa, amén de los que no lo son, deben asistir a este tipo de actos, pero ayer, al igual que en muchas semanas, no les importó no acudir.
Pero lo importante de ello no es la ausencia o la presencia, sino el simbolismo que tiene el que un funcionario de ese nivel se presente a un acto cívico y netamente social. Si su presencia tiene un simbolismo especial ante la sociedad, que denota respeto y autoridad, su ausencia implica no solo irresponsabilidad, sino una total falta de convicción y conocimiento de lo que es una ceremonia de honor a la Patria y nuestros símbolos de mexicanidad.
Por ello, ante la falta de respeto hacia esta importante ceremonia cívica es una muestra palpable de su ignorancia y de sus nimios conocimientos sobre el significado de un acto que para nada les importa. Mis felicitaciones al síndico Félix Alemán y la regidora Marta Chavira, que sí asistieron a la ceremonia de ayer por la mañana.
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Hasta mañana
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