Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Comercio local: malo y de malas

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Como parte de la comunidad de periodistas nos involucramos en algunos temas y aspectos que no son de nuestra especialidad, buscando entender por qué suceden ciertas cosas: el comercio local es una asignatura que tomamos muy apasionadamente por el afecto mostrado por la familia González Salum, cuando Juan Carlos se desempeñó como dirigente local de la Cámara Nacional de Comercio en esta ciudad, y tratamos de entender muchas cosas.

Hemos pregonado que es necesario que el comercio local crezca, porque de esta forma los dineros de los victorenses circulan en nuestra ciudad y hay progreso para todos… o casi para todos.

Entendemos que hay gente que no piensa igual, y se empeñan en que busquemos alternativas de adquisición de bienes fuera de la ciudad, sea en Monterrey, Tampico o, cuando se puede y las circunstancias de seguridad lo permiten, en Mc Allen o Brownsville. Nos gustaría mucho que la gente no fuera a comprar a los Estados Unidos para que el dinero se quedara entre nosotros, sin embargo, precio y calidad llaman a la búsqueda de otros horizontes que, sin embargo, tienen sus contratiempos.

En el caso que nos ocupa, hemos vivido una muy mala experiencia con las zapaterías de la ciudad, específicamente, las que se ubican en la calle Hidalgo y que son propiedad de una sola familia, aunque están una frente a otra y la tercera, a un lado. Las tres manejan los mismos calzados en lo general, pero no la atención que debieran.

Entendemos que un comerciante debe tener una ”mano derecha” muy grande para sortear los distintos modos de conducirse de la gente que se convierte en potencial compradora y por ende, benefactora de la economía del comercio local.

Viva se llama al parecer la zapatería ubicada en la esquina, donde brillan las empleadas por su ausencia de tacto, educación y modos, lo que nos orilla a volver a pensar en comprar fuera de la ciudad, sin lugar a dudas.

No saben las muchachas que el empleo que tienen es gracias a que empresarios locales han apostado por invertir en la ciudad y generan fuentes de empleo, sin embargo, la calidad de los modos deja mucho que desear.

A nadie nos gusta ir a dejar nuestro dinero al adquirir un bien y recibir malos tratos, menos, cuando la calidad de la mercancía es no de segunda sino menor, y no nos permiten la devolución por “políticas de la casa”, sin importar que hay una Ley Federal de Protección al Consumidor que, a decir de la pobre muchachita que atiende, no vale, porque para eso tienen ellos sus disposiciones internas.

“Pero la ley dice que me debe hacer la devolución”, hemos insistido, y recibido como respuesta un “no, aquí eso no vale, tengo instrucciones precisas de no devolver dinero; si quiere, lleve otro calzado”.

Sin embargo, ante la nula calidad del par adquirido, hemos decidido no comprar más en estos lugares, y tristemente, buscar mercancía fuera de nuestra ciudad o con cadenas de tiendas del exterior que nos ofrecen casi los mismos precios… pero mejor calidad.

Si el dueño de estas zapaterías fuera de incógnito y viera la manera en que se trata al cliente, seguro: o correría a sus malas empleadas y muy deficientes personas en cuanto a educación y maneras de conducirse, o de plano, cerraría sus negocios y no fomentaría el empleo entre quienes lo necesitan pero no hacen nada por ganárselo.

Es la realidad de una gran parte del comercio local: pareciera que nos hace el favor de vendernos y quedarse con nuestro dinero, cuando la realidad es al revés: nosotros fomentamos que haya empleos y circulante en la localidad cuando compramos aquí. En ese sentido, la CaNaCo tiene mucho qué hacer para que se reviertan pensamientos como el que externamos y que, lastimosamente, ocupan la mayoría de las grandes críticas a los comerciantes locales, tachándolos de calificativos nada adecuados con un buen vendedor.

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