Nativo de Reynosa, su arribo a Ciudad Victoria paso inadvertido.
Con un abultado curriculum bajo el brazo, él fue protegido aquí por Eliseo Castillo Tejeda y por el entonces Gobernador, Manuel Cavazos Lerma, porque en realidad el muchacho prometía y constituía una beta digna de explotar.
No perdió ni un instante y se incorporo como funcionario universitario en la Facultad de Derecho, desde donde por su eficiencia brilló y contribuyó a corregir lo que aun era corregible.
Luego, colaboró con el PRI municipal y con el COPLADET y la sangre, que siempre llama, hizo que se internara en tareas partidistas algunas de relevancia, hasta que le encontró saborcito al caldo.
Transcurrieron los años y su futuro pintaba de maravilla, hasta que cometió el graso error de incorporarse a la campaña de uno de los precandidatos a Gobernador de Tamaulipas, Homero Díaz Rodríguez, en la zona norte del estado, y fue entonces cuando se le vino encima la debacle.
Se celebró la elección y el afortunado fue Eugenio Hernández Flores, por lo que de ahí para el real se la pasó sin trabajo, tocando puertas y con un morral repleto de promesas que recibió y que nunca se hicieron efectivas.
No obstante insistió, presento proyectos y dejo docenas de tarjetas en diversas oficinas gubernamentales, pero nada, nadie se apiado de aquel muchacho que entrego todo su esfuerzo al PRI y su amor a la lucha revolucionaria.
Por los medios cada semana se enteraba que personajes con menos méritos y trabajo ascendían a los cargos y que otros inclusive los rechazaban, mientras que él tenía que digerir con pena las evasivas, las afrentas y los portazos que lastiman.
Fue su orgullo, si su orgullo, lo que lo movió a buscar la revancha y ahora, al paso de los años, logró su propósito, porque se siente un hombre completo, útil y bien aprovechado, aunque sea abrigado por los colores de otro partido.
Y cómo no, si desesperado, maltrecho, flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones, se acerco al entonces alcalde panista de Reynosa, Francisco Javier Cabeza de Vaca, donde recibió abrigo y promesas que si se cumplieron y que hoy lo colocan en la cúspide.
Durante la administración de ese polémico personaje estuvo en la COMAPA donde sus proyectos como la dotación de cemento hidráulico para las calles de aquella frontera fueron aprovechados y de allí salto a Gobernación y luego al CEN del PAN, donde se convirtió en un buen estratega político.
Fue, inclusive, Oficial Mayor de la CORETT, donde junto con Cabeza de Vaca tuvo manga ancha para mover los delicados hilos de la política nacional y para que el blanquiazul se acercara más adeptos.
Hoy Carlos De Alejandro Acevedo toca los cuernos de la luna y con amargura recuerda pasajes de su pasado que pretende borrar, porque su estatura ya es otra.
Es la historia de un hombre con sueños como muchos otros que por tradición y porque lleva sangre de priísta en las venas persiguió una meta y solo encontró agravios, ironías y caras malas en su camino.
Hoy se ríe de su mala suerte y se alegra de que el paso que dio no fuera en falso, porque mientras que él acaricia con las manos la luna, otros apenas se internan en un laberinto repleto de zancadillas, rostros groseros, falsos amigos y de grotescos enemigos.
Es, Carlos, un ejemplo de que la rebeldía no es nociva, siempre y cuando sea bien canalizada.
Carlos es, el hermano de Doña Graciela De Alejandro Acevedo, nombrada como Secretaria General Adjunta del PRI en Tamaulipas, luego de que permaneció varios años en la banca, vetada y condenada casi al exilio.
Hoy seguramente la señora divide su vida entre dos amores, el su hermano y el del PRI, un singular capricho de lo que es la política.
Y bueno, es, que la soberbia de los priístas tamaulipecos tenga su límite, de lo contrario el partidazo no hubiera llamado a sus filas a esta mujer valiosa, carismática, sencilla y productiva, que es garantía donde quiera que la coloquen.
Y como dice la canción: “Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas”.
Ni modo de que sea invento.
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