RELATO 1.-No se puede vivir del recuerdo, pero es grato de vez en cuando soplar las cenizas y desempolvar algunos episodios que pintaron de color la vida.
Y es que hay recuerdos que no se olvidan, sucesos que no pasaron de noche y que sus efectos aun se contorsionan en la mente de miles de tamaulipecos que en su momento tuvieron la humildad de decir: Gracias.
Tal vez él ni se enteró de que su nombre iba de boca en boca en Tamaulipas y de que se le ubicó como un auténtico benefactor.
Tal vez no se le dio el crédito que bien merecía por haber toreado con su sombrero la prepotencia, la soberbia y la escasa disposición del otrora poderoso Pedro Azpe Armella, ex Secretario de Hacienda.
En 1992, un puñado de inexpertos rebeldes que aun ejercen el periodismo se internó en una loca aventura que les saco rápido canas y que hizo que pasaran saliva porque no se midió la peligrosidad que implicaba aquel suceso.
Como si fuera un juego, aquellos seis reporteros de Ciudad Victorias se convirtieron en una especie de agitadores y lanzaron la convocatoria para que todo aquel propietario de un vehículo extranjero dejara escapar su rebeldía frente al constante acoso de la Policía Fiscal que ya recorría nuestras calles para despojar a los ciudadanos de un bien, tal vez el único que podían presumir, y que con mucho sudor adquirieron.
Fue así como hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y hasta los niños salieron a la calle a protestar con pancartas y tomaron palacio de gobierno para frenar las acciones de aquella nube de uniformados que a final de cuentas no salió bien librado.
Con estrangulamiento de carreteras, con la toma de edificios, con manifestaciones y con sendas caravanas los propietarios de los “autos chocolate” se defendieron y esta rebeldía que brotó en la capital de Tamaulipas se extendió hacia otros estados vecinos en los que por desgracia murieron algunas personas y otras resultaron lesionadas.
Pero nada los detuvo y finalmente se coronaron con la victoria cuando el gobierno federal anunció un programa de regularización que derivó en la nacionalización de más de 70 mil vehículos “chocolate” tan solo en Tamaulipas.
Como olvidar a la amiga Cuquis Garza cuando hacía malabares sobre el techo de un automóvil extranjero que se incineró intencionalmente en la explanada del Palacio Federal.
Como hacerle para borrar la imagen de aquel niño que montado en su carrito de pilas levantaba un cartelón que decía: “Por favor no le quiten el carro a mi papi”.
Como no recordar la palmada que me dio en la espalda Don Juan Guerrero Villarreal y cuando me dijo “Así se hace viejo”.
Pero lo que algunos desconocen es que fue el entonces Senador de la República, Manuel Cavazos Lerma, y el ex diputado federal priísta, Manuel Muñoz Rocha, quienes desde las cámaras movieron los delicados hilos y negociaron para que Hacienda se tocara el corazón con los dueños de esos vehículos extranjeros que no ingresaron a Tamaulipas por el aire o por el agua, sino a través de las aduanas.
Muchos tamaulipecos que aun se mueven en su carrito están en deuda con el hoy candidato a senador.
Quien demostró que la palabra legislar tiene muchas aristas y una de ellas es bajarse al pueblo para defender sus derechos.
Esa clase de legisladores, son los que valen la pena.
RELATO 2.-Allí, al pie la majestuosa Sierra Madre, se levanta orgulloso un complejo deportivo que no tiene desperdicio.
Un complejo que a diario las autoridades le asean la cara con agua y con jabón para que luzca bonito para 2 mil personas a diario se ejerciten y cultiven el cuerpo.
Se trata del campo deportivo del UPYSSET, que fue sometido a una manota de gato y que hoy se ubica como el más completo he importante de Tamaulipas.
Y es que fue dotado con 30 nuevos aparatos al aire libre que ahora le dan más vida al moderno gimnasio, a las albercas, a las canchas de futbol y al campo terrestre.
Justo es reconocer que la titular del UPYSSET, Lourdes Benavides Hinojosa, Jorge Abrego Adame y muchos otros hacen suya la mística del Gobernador, Egidio Torre Cantú, de promover el deporte, porque el deporte todo lo cura.
Y hasta borra, los malos pensamientos.
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