Los que vamos a decidir, los que tenemos en la bolsa la credencial de elector y el 1 de julio cruzaremos la boleta electoral en el logotipo de un partido o coalición, queremos elecciones justas, limpias, que nadie decida por nosotros, es por ello que no avalamos la postura de algunos mexicanos en el sentido de dejar la boleta en blanco como signo de protesta.
Puede resultar que ninguno de los contendientes cumpla con las expectativas que como electores tenemos, sin embargo, el tiempo y la ley nos han puesto en el camino cuatro opciones legalmente constituidas, y de ellas, queramos o no, saldrá el próximo presidente de la República, así como también tenemos opciones para el Senado de la República y el Congreso de la Unión: hemos de elegir, pero para ello, es bueno saber qué nos ofrecen, que quieren de nosotros y que esperamos de cada uno de ellos.
Hartos estamos todos los mexicanos de escuchar promesas y mentiras, de ver en los noticiarios declaraciones que no tienen nada que ver con la realidad, y que solamente buscan engañar con todo el dolo del mundo.
Por ejemplo, nos causa rabia el escuchar a una Josefina Vázquez que critica el sistema educativo cuando fue titular de educación en el país y no fue capaz de acabar con el negligente liderazgo de quienes ostentan el mismo, o de cambiar los planes de estudio para que nuestros hijos sean mejores estudiantes.
Estamos cansados de escuchar que las plazas no se venden, que todo camina sobre ruedas, cuando la televisión nos invade de anuncios en los que recomiendan que leamos unos minutos al día con nuestros hijos para que salgan bien en la prueba ENLACE, y que la verdad sea dicha, es lo que menos preocupa a los padres de familia.
No entendemos que una prueba pueda ser el parámetro para decir que estamos bien. Lo que deseamos fervientemente es que nuestros hijos tengan comprensión lectora, que sepan leer, investigar, analizar y ser capaces de sostener una buena charla de cualquiera de las disciplinas motivo de estudio en el nivel en que se encuentren: primaria, secundaria, preparatoria o en sus estudios profesionales.
Queremos mejores mexicanos, y eso se construye en la educación que, a la par, es responsabilidad de los profesores y los padres de familia: unos sin los otros difícilmente podrán entregar buenas cuentas a México.
No pensamos que nuestros hijos son responsabilidad de los maestros, pero tampoco esperemos que todo sea cosa nuestra, porque como seres humanos tenemos limitaciones.
Y así, en muchos rubros, cansados estamos de escuchar discursos en los que se menosprecia a los otros contendientes. Cuando cualquiera de nosotros tiene una preferencia electoral o partidista, entiende que las otras tres opciones no son las mejores y nos inclinaremos por la que consideramos adecuada.
De ahí a descalificar con vituperios, hay una gran distancia.
Y también, esperamos que haya un trato equitativo a las actividades de los contendientes, aunque algunos no nos gusten o de plano, pensemos que nada tienen qué hacer en la contienda. Finalmente, es la oportunidad que la ley les otorga para plantear sus postulados y tratar de convencernos a usted y a nosotros de votar por ellos. Es su luchita, pues.
Hemos visto, por ejemplo, los actos de Gabriel De la Garza, quien va que vuela con buenas expectativas en pos del triunfo, o de otros candidatos que hacen su lucha a partir de que iniciaron oficialmente las campañas.
Todos tienen derecho, aunque probablemente no tengan nuestra simpatía, que es muy respetable una y otra cosa.
El asunto es que quisiéramos que fueran congruentes entre el decir y el hacer, entre lo que nos ofrecen y lo que podrán cumplir, porque de otra forma, de nada servirá tanto dinero que se invierte en las campañas.
Ojalá cambie la forma de hacer política, que buena falta hace al país.
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