Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Lágrimas de “la jefa”

El inolvidable Facundo Cabral, asesinado hace poco tiempo, dentro de su basto repertorio cantó alguna vez una pieza titulada “lágrimas de Josefina”, y que comenzaba con el verso: “Josefina se enfermó de burguesía, y cambió por maquillaje la cocina… ¡Pobre Josefina!, dicen las vecinas, que viven igual”.

Recordamos al gran cantautor argentino por el cúmulo de pifias que registramos este lunes, cuando la mal llamada “La Jefa” hizo declaraciones en conferencia de prensa que, suponemos, son parte de las estrategias de campaña y se debieron ventilar dentro de las cuatro paredes blanquiazules.

Qué bueno, nos dieron la nota, pero este tipo de asuntos son como se dice popularmente: “ropa sucia”, y ésta se lava en casa.

Pero aparte, la mujer hizo una declaración un tanto agresiva y temeraria al afirmar que nadie que no cumpla será solapado, con un autoritarismo que ofende a quienes le ayudaron a llegar al sitio donde se encuentra; en ese momento dijo también: “yo, y mi equipo de campaña…” Habiendo pasado en el gabinete como secretaria de Educación, ¿nunca le enseñaron que cuando uno habla siempre la primera persona es al último?

Probablemente digan algunos que son “pecatas minutas”, pero el hecho de ostentarse como “la jefa”, le queda muy poco adecuado, porque en primera instancia, nunca tendrá el tamaño político de Diego Fernández de Ceballos, quien, independientemente de que no compartamos su forma e ideología, tiene otras miras, otros horizontes.

Y la candidata ha llevado a cabo acciones burdas, grotescas, torpes, pretendiendo engañar a una nación que está ya harta de mentiras: primero, cuando se desvanece, aparece al día siguiente en un gimnasio en Baja California diciendo que está sana, que no es anoréxica ni bulímica y demás cosas similares. No concebimos que en una campaña tan corta de tiempo haya los espacios para pasar en el gimnasio más de una hora, a juzgar por las rutinas en la elíptica, con las pesas y con los ejercicios en el suelo. Nadie nos tragamos el anzuelo de que todos los días, a donde llega, va al gimnasio.

¿Qué hará cuando vaya a Miquihuana o a La Pesca? Pensamos.

De alguna manera, descalifica las encuestas aunque dice respetarlas y asegura que en las de ella, está unos cuantos puntitos abajo y no los 25 y fracción de la de GEA-ISA, y que a diario muestra cambios. No acepta y dice: alcanzaré, empataré y ganaré. Es bueno que tenga mentalidad triunfadora pero, ¿Con ese equipo?

Jugando a ser candidata con un porro como Javier Lozano en calidad de “Boxer mediático”, o con un Juan Molinar que tiene la mancha de la guardería ABC en su haber, aunque quieran culpar solamente a las autoridades estatales de aquel entonces.

Lo sucedido en Tres Marías es de llamar la atención, porque los ciudadanos ya no nos aguantamos ni tenemos miedo a reclamar a los que quieren ser presidentes o senadores o diputados: ya no nos dejamos porque estamos hartos de abusos, de empujones de guardias que abundan en este tipo de eventos y que cobran mucho dinero, no contabilizado, por cierto, como gasto de campaña, asumiendo que nos cuesta a usted y a nosotros.

Cuando contesta a la muchacha estudiante sobre lo que les enseñaron cuando niños a ella y su generación, sabemos que no se apega a la realidad ni a la verdad. Sabemos que hay miles –millones- de jóvenes sin oportunidad de estudiar porque las becas se otorgan a los recomendados, porque no llegan a los más necesitados, y las que llegan son humillantes, insultantes. Porque sabemos que las becas llenas de pesos están reservadas a muchos malos alumnos, con bajo aprovechamiento, pero cercanos a las esferas de poder.

Porque sabemos, bien que sabemos, que nuestros muchachos no tienen empleo pese a su preparación académica de calidad. Porque sabemos cual es al realidad de México, y pensamos en Cabral cuando dice: “Pobre Josefina”.

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