Las campañas políticas proselitistas, como su nombre lo indica, tienen por objetivo hacer “el intento o esfuerzo activo y activista de convertir a una o varias personas a una determinada causa o religión”. Vaya pues, se refieren a la actividad con la que se pretende atraer el interés de los votantes hacia un determinado candidato, en este caso.
Para lograr acaparar la intensión del voto a su favor, los aspirantes políticos pueden hacer uso de todos los medios de comunicación masiva, incluyendo las famosas redes sociales, y las diferentes formas de explotación del internet.
La idea que nos ha vendido el Instituto Federal Electoral con los miles de spots que se han difundido en las últimas semanas es que durante las campañas electorales los partidos políticos, en general, y los candidatos presidenciales, en particular, den a conocer a los mexicanos las propuestas que conforman su plataforma electoral y la forma en que gobernarán en caso de ser elegidos.
Sin embargo, a 15 días de haber iniciado esta etapa del proceso electoral, tal parece que quienes pretenden dirigir los designios de nuestro país aún no entienden el concepto básico, al menos, de lo que son las campañas proselitistas.
No se trata de defender lo indefendible, ni de divulgar logros malogrados; tampoco se trata de justificar el cambio de una postura irracional, por racional que parezca. Mucho menos de difamarse los unos a los otros.
Así es, amable lector. Desafortunadamente las campañas políticas se han convertido en campañas de difamación como si los mexicanos no supiéramos qué es lo que no logró cumplir aquel, o los errores matemáticos de aquella, o la legitimidad que pretender alcanzar el otro.
Ya sabemos que fueron siete décadas de un mismo partido en el poder, que ya van más de diez años en que la vida de los mexicanos se complicó diametralmente por la ignorancia en la forma de gobernar de otro partido y que los partidos de izquierda practican la bipolaridad.
En síntesis, mal que bien los aciertos y los yerros que han cometido los partidos políticos durante el tiempo que les ha tocado gobernar ya los sabemos; pero lo que no sabemos, lo que ignoramos, lo verdaderamente importante, es la forma en que el nuevo presidente de México, o presidenta aunque va en caída libre, va a componer el desorden en que vive nuestro país actualmente.
Podríamos pensar que los debates autorizados por el IFE bien serían la ocasión perfecta para que los candidatos presidenciales den a conocer esas propuestas que tanto anhelamos conocer pero, insistimos, mientras no se razone el verdadero significado de las campañas electorales difícilmente veremos discusiones de fondo.
Desgraciadamente con difamaciones no se gana una elección, pero sí se fomenta el desinterés en el proceso electoral; una apatía que ya de por sí está muy marcada entre la ciudadanía.
Así que, por favor señores y señora candidata, pónganse a hacer campaña. Pedirles que lo hagan por México y por los mexicanos es mucho pedir; así que, al menos, háganlo por su bien y el del partido que les dio la confianza de representarlos.
El mote le quedó grande a Mota.
¿Qué pasó con esas estrategias de campaña? Tal parece que los panistas siguen dormidos en sus laureles y hasta diera la impresión de que la consigna es que no gane el PAN las elecciones del próximo primero de julio.
¿La Jefa?, ¿es burla o qué? Dice la Real Academia que un jefe es la “persona que tiene a otras a sus órdenes”, o el “líder, guía y cabeza de un partido o corporación” y, por desgracia para nuestro género, doña Josefina Vázquez Mota no se ha caracterizado ni por saber dar órdenes y mucho menos por ser una verdadera lideresa, al menos eso es lo que ha demostrado en su insipiente y fracturada campaña electoral.
Pero bueno, tal vez la idea sea evocar al Jefe Diego o la Jefa Martha; digo, por aquello de los rescremores. Por lo pronto el mote le quedó grande a Mota.
En fin, por ahora no me resta más que desearle un excelente fin de semana; y recuerde ser feliz, junto a su familia es más sencillo.
Hasta la próxima.
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