Muy joven laboré en PEMEX en calidad de trabajador transitorio o eventual y a pesar de que la entrada era a las 6 de la mañana, de las 9 a las 9:30 era hora para desayunar. Quienes entraban a las 7 u 8 no tenían la media hora de desayuno. Cuestiones de contrato colectivo con el sindicato.
Más tarde y en la administración pública, tristemente me di cuenta de que los empleados abusan y lo hacen en grande cuando apenas registraron su entrada y casi de inmediato salen a almorzar, no importa si su entrada fue a las 9 de la mañana.
Una empleada de limpieza se molestó porque su jefe le llamó la atención cuando la sorprendió que se retiraba de su centro de trabajo para ir a almorzar a ¡su casa! Y aún así la fémina se defendió con argumentos que se pudieran calificar hasta de descarados.
No es solo la necesidad de trabajar o el sentido de pertenencia a la empresa donde se labora, sino la competitividad que tiene el trabajador para intentar ser mejores y con esto me viene a la mente una lectura que habla de la educación de los chinos.
Recuerdo haber leído que mientras en Brasil un producto es fabricado en un millón de unidades, en China, en una sola fábrica, produce 40 millones, con calidad equivalente y con una velocidad de distribución impresionante. Además los chinos colocan cualquier producto en el mercado en cuestión de semanas, a precios que son una fracción de los de los brasileños.
Se ha demostrado que las fábricas se están trasladando al interior del país porque los salarios de la región en que se halla instalada son demasiado altos: 100 dólares, mientras que un obrero brasileño gana 300 dólares mínimo que sumados a los impuestos y otros beneficios equivalen a 600 dólares. Cuando los comparamos, con los 100 dólares que reciben los chinos sin prácticamente ningún otro beneficio…nos hallamos frente a una esclavitud amarilla.
¿Horas extraordinarias? En la China definitivamente no existen porque los trabajadores están agradecidos de tener un empleo que trabaja horas extras es señal de la buena acogida del producto en el mercado.
Algunos analistas del régimen capitalista, hablan de que detrás de esta ‘situación’ asoma la gran trampa china. Desde luego que no se trata de una estrategia comercial, sino de una estrategia de “poder” para conquistar el mercado occidental.
Los chinos han sabido sacar provecho de la actitud de los “comerciantes” occidentales, que prefieren aumentar el precio final del producto quedándose tan sólo con lo que le agrega valor: la marca.
Los economistas catalogan a la ‘estrategia del precio’ al momento en que las empresas –generalmente gringas- ganan crecidas sumas de dinero comprándoles a los chinos por centavos y vendiendo luego por centenares de dólares. Lamentablemente para la clase trabajadora sólo les interesa el lucro inmediato a cualquier precio, aún al costo de cerrar sus propias fábricas y generar una brutal desocupación.
En otras palabras mientras los occidentales aumentan enormemente sus inversiones y ganan en el corto plazo, China aprovecha ese enfoque e instala unidades productivas de alta productividad para dominar en el largo plazo.
La estrategia china, en otras palabras es estimular a las grandes potencias mercantiles a que se queden con sus marcas, con el diseño, ‘con sus detalles’, mientras los chinos se quedan con la producción, asistiéndolos, estimulándolos y contribuyendo al desmantelamiento de los escasos parques industriales occidentales.
Sin duda es razonablemente cierta esta reflexión y vale además la advertencia de Susana Merino cuando cándidamente termina su traducción preguntando ‘…además, y… ¿su poderío bélico-militar?… Quedaremos rehenes y a su merced, es decir, estamos hoy alimentando a la cobra que nos morderá en el futuro!
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