Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Aunque no aparenta tener 15 años sino más, Javier ya sabe lo que es el hambre y la pobreza, razones que lo obligaron a salir de San Pedro Sula, en Honduras, para llegar hasta Houston, Texas, en busca de dos hermanos suyos que le ayudarían a estudiar y luego a trabajar, para sostener a sus padres que dejó en su comunidad.
Motivado por las historias que le contaron quienes ya fueron a Estados Unidos y retornaron a Honduras, aunque fuera en calidad de deportados, a Julio esas historias le ayudaron para dejar la escuela y tejer el sueño de cruzar las fronteras de Guatemala y México a pie.
Le fue bien durante los 30 días que tardó en llegar a Nuevo Laredo arriba de la ‘bestia’ desde Chiapas, nombre que los cientos de migrantes centroamericanos le dieron al ferrocarril de carga que sale desde esa entidad hasta el estado de México, a través de peligrosos entronques que lo llevarían finalmente a Monterrey y luego a esta frontera.
“Tuve que tomar 10 trenes para llegar hasta aquí. Pero es un lugar muy peligroso y está muy fea la situación”, dice al referirse al clima de violencia del que ha sido testigo durante las dos semanas que lleva en la ciudad.
Sin embargo, su sueño de llegar a Houston quedó trunco al llegar a Nuevo Laredo, en un lugar conocido como ‘Estación Sánchez’, 15 kilómetros al sur de la ciudad por la carretera a ciudad Anáhuac, Nuevo León.
En ese lugar es frecuente que grupos de migrantes sean privados de su libertad por hombres armados, pero en vez de delincuentes, para su buena suerte, les cayó la ‘migra’ mexicana, es decir, agentes del Instituto Nacional de Migración (INM).
“No pude cruzar la frontera porque nos cayó la migra y nos detuvieron”, dice tras mencionar que viajaba con otros hondureños mayores, quienes posiblemente ya se encuentren en territorio estadounidense.
Javier dejó Honduras porque tiene deseos de estudiar y de trabajar, actividades que para los pobres como él están prohibidas, ya que es muy caro, por lo que prefirió emigrar a Estados Unidos, aunque en esta ocasión no lo haya logrado, ya que será deportado a su país.
Mentiras que engañan
El caso de Julio no es menos patético, es un guatemalteco de 15 años de edad que también hace un mes dejó su comunidad en Sololá, para intentar cruzar el río Bravo por esta ciudad y trasladase hasta San Francisco, en California.
Pero no llegó a su destino porque al cruzar el Bravo y llegar a Laredo, de inmediato fue detectado por la patrulla fronteriza y deportado a México, al decir que era de este país.
Sin embargo, a diferencia de Javier, a este menor se le notó la mentira, ya que no quiso dar sus apellidos ni los motivos de su salida de Guatemala.
Titubeante ante las preguntas, dice que el 30 de marzo llegó a Nuevo Laredo a bordo de tren carguero que llega desde Monterrey.
“Hace 15 días llegué a Nuevo Laredo y anduve por ahí”, expresa con titubeos, tras mencionar que también estuvo en la casa del Migrante, cuando en dicho albergue los menores de edad no son recibidos, ya que el INM los envía al sistema DIF para ser entregados a sus familiares luego de contactarlos.
Al preguntarle el motivo por el que pretende llegar a San Francisco por esta ciudad, distante casi tres mil kilómetros, no respondió y el silencio lo puso en evidencia de que mentía.
“Yo iba con la idea de trabajar (en Estados Unidos)”, agrega.
Parco en su hablar y con la mirada baja la mayor parte de la entrevista, julio responde con monosílabos: “Quiero tener una casa…soy muy pobre…vivo en un pueblo en donde nadie se supera porque no hay trabajo ni se estudia…solo los que tienen dinero…”.
La aventura negativa no le intimida, ya que dice que luego de llegar a su pueblo, intentará de nueva cuenta llegar a la frontera de Estados Unidos y cruzarla, al igual que ‘muchos’ de sus amigos en Sololá que ya lo hicieron.
Deportan menos que en el 2011
A julio y Javier se les encontró en el Centro de Atención para Menores Fronterizos (Camef), albergue que depende del sistema DIF, en donde este año han sido enviados por el INM más de 300 menores mexicanos deportados de Estados Unidos, cantidad menor a la del año pasado, cuando fueron deportados en los primeros cuatro meses del año, 449 menores.
En los últimos años, debido a la crisis económica que agobia a Centroamérica, el control migratorio en Estados Unidos se recrudeció, pero ello no ha impedido que el número de menores centroamericanos y mexicanos continúe.
De acuerdo al Instituto Tamaulipeco de Atención a los Migrantes, el año pasado fueron deportados a México por Tamaulipas, unos 100 mil mexicanos, de los que el 20% correspondió a menores de edad, algunos centroamericanos que se hicieron pasar por mexicanos.
El año pasado mil 167 menores de edad fueron deportados de Estados Unidos por Nuevo Laredo, mientras que en el 2010 la cifra de mil 42. De ese total 233 fueron separados de sus hogares en Estados Unidos, al haber sido detenidos por las autoridades al cometer algún delito menor o una falta de tránsito.
Pero lo más alarmante, de acuerdo a funcionarios del sistema DIF de esta ciudad, es que los restantes 934 menores detenidos en el vecino país, el 80% del total, cruzaron solos la frontera para buscar a sus padres o familiares que viven en Estados Unidos.
En los últimos tres meses del año pasado fueron deportados 261 menores, de los que 112 fue en octubre, 91 en noviembre y 58 en este mes, y algunos de ellos fueron atendidos por el DIF en condiciones de enfermedad o con algunas lesiones en sus pies.


