Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa *Odio enfermizo

Nadie tenemos la culpa que haya habido triunfadores en distintos ámbitos, con ideología diferente a la nuestra. Es increíble la manera en que le ser humano desarrolla la capacidad de odiar a sus semejantes, y la forma en que destacamos sentimientos de toda índole, encaminados a destruir al de al lado. Una clara muestra, le hemos leído lastimosamente en las páginas de los diarios deportivos españoles.

Independientemente del gusto por uno u otro equipo, Real Madrid y Barcelona se enfrascan, año con año, en una lucha por el título, pero llama poderosamente la atención el leer comentarios de los cibernautas de uno y otro bando, maldiciendo a los de enfrente. Los sentimientos de odio pueden más que el gusto de haber ganado. Y eso se repite a diario, gracias a la intervención de dos o tres periodistas deportivos que amarran las navajas, ponen el cerillo en el fuego.

Pero no es el deporte español el único, ya que los sentimientos de odio se reproducen a diario, y una clara muestra es lo que escuchamos, por ejemplo, de un Pablo Emilio Madero, dolido porque su candidata no levanta siquiera una preocupación al PRI de Peña Nieto, se dedican ahora a manejar una serie de comentarios llenos de odio, de crueldad, de insidia, pero menos de veracidad.

Se han empeñado en una guerra sucia llena de descalificaciones para tapar las muchas frases equívocas de la Vázquez Mota, para ocultar el conflicto que tienen entre sus militantes y la falta de aceptación de una sociedad harta de inseguridad, de mala educación, de falta de programas de salud, de ausencia de obra carretera o de falta de una solución económica cuando todos los meses nos cuestan más los combustibles.

El odio ha podido más que le espíritu político y las campañas. Suponemos que si Maquío hubiera visto lo que hacen sus correligionarios hoy en día, seguramente volvería a la tumba, porque se han dedicado a ensuciar, a enlodar, a descalificar.

¿Dónde está el oficio político? ¿Dónde está la veracidad? ¿Dónde está, pues, la congruencia con postulados que ni siquiera conocen?

Hoy lanzan a una mujer en el Distrito Federal, cuyo mérito fue hacer ella misma lo que las autoridades no pudieron hacer: encontrar a los asesinos de su hijo, y mire que las autoridades federales eran panistas y las locales perredistas cuando sucedió todo. Hoy, la mujer dice que la culpa es de Peña Nieto, y no tiene idea de qué es el PAN, pero se la juega por él.

Le puede suceder lo que en otros sitios: buscan a quien les haga el favor, como si estuvieran en un prostíbulo, buscando al mejor postor para sus fines oscuros. Luego, los detienen y ellos mismos se desmarcan.

¿Dónde quedó la política? ¿Dónde se metió el espíritu de competencia del ser humano? El odio como el que vemos en el fútbol español o la política mexicana es impresionante, y similar al odio con que nos ven los norteamericanos a los latinoamericanos, tratándonos peor que si fuéramos animales salvajes.

La descomposición social está pasando facturas muy elevadas al hombre –y a la mujer, por supuesto- y nos está dejando perder los pocos valores humanos que nos quedaban. Hoy por hoy, el ser humano es un ente convenenciero que no busca más que satisfacer su propia hambre, aún a costa de la integridad ajena.

El llamado a cada uno de nosotros podría ser en forma de exigencia, de poder tener la capacidad de competir en una lucha igual, equitativa, leal, sin que lo anterior quiera decir que hay que entregarse.

No manejar rumores falsos sería un buen principio, porque cuando comienzan a salir los trapos a relucir, todo mudo suele estar salpicado, en mayor o menor escala, de la podredumbre que emana de una amargada garganta que clama con mentiras un lugar que no merece, porque social y políticamente no se lo ha ganado, y, seguramente, nunca lo tendrá.

Paremos estos sentimientos de odio, por favor!

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Atentamente:

Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.

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