Poco después de despuntar la década de los años setentas, ingresé como estudiante a la facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) donde mis perspectivas no solo se ampliaron, sino que cambiaron sustancialmente.
En el Curso de Introducción al Derecho, el profesor titular de la materia nos pidió el libro del Dr. Eduardo García Mainez (n. DF 1908-1993) y al tenerlo por primera vez en mis manos leí parte de la introducción y algunas líneas.
Quizá lo que más me impactó fue aquella verdad cruda, como sentencia social que en la introducción dice el Dr en Derecho. “En México importa más la paz social que la impartición de la justicia”.
Desde luego que esta parte del texto recién comprado fue polémica en el aula de una juventud que intenta estudiar para que todo caiga en el terreno de lo justo, de la legalidad, de la ley.
El maestro sabiamente solo escuchaba los puntos de vistas hasta airados y violentos que las voces juveniles despotricaban contra el que se decía doctor en derecho… la polémica del aula fue dura, cruel y hasta inocente.
Pese a la explicación teórica del profesor titular, los estudiantes escuchamos pero no estuvimos de acuerdo, aunque la vida nos ha mostrado que efectivamente, en México y muchas partes del mundo sobre sale la paz social de la impartición de la justicia.
El ejemplo claro de la teoría del Dr. García Mainez es el caso de los 10 estudiantes de la Universidad Nicolaita de Morelia, acusados de vandalismo, asociación delictuosa y pandillerismo y que luego de ser declarados formalmente presos, el gobierno local del Priísta Fausto Vallejo que instruyó al Procurador de Justicia para reclasificar los cargos y con ello quedan en libertad los ‘estudiantes’
La verdad es que el gobierno del señor Vallejo no aguantó la presión de los universitarios y quizá como un acto de proselitismo partidista o siguiendo la teoría de la paz social de García Mainez, sin pensar en las próximas elecciones federales, el asunto se dio por concluido y como diría Brozo el payaso tenebroso, ‘cada chango a su mecate’.
Se sabe que los arreglos desde el domingo por la noche y la firma de los compromisos agilizó la salida de los coordinadores de desmanes públicos determinaron que la administración estatal de Fausto Vallejo Figueroa confiara en el ‘escarmiento’ a los muchachos por morelia y por michoacán.
También se supo además, que la mañana de este lunes el mandatario estatal desayunó en privado con el rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Salvador Jara y con el alcalde de Morelia, quienes también hicieron suya la solicitud para excarcelar a los jóvenes universitarios.
Los hechos registrados en Morelia son una clara lección de derecho donde la teoría del jurista y filósofo del Derecho mexicano y miembro del Colegio Nacional, rector del Instituto Tecnológico Autónomo de México, profesor emérito de la UNAM, secretario general e investigador emérito del Instituto de Investigaciones Filosóficas y autor de varias obras importantes de Derecho se comprobó muy ampliamente.
También desde luego que se comprueban los correos electrónicos donde la ‘supremacía estudiantil’ se impone y se exhibe vergonzosamente ante una sociedad ávida de justicia.
Es válido pensar que este tipo de estudiantes quizá amedrenten a sus profesores si no les registran las calificaciones que ellos dictan y luego a estos mismos estudiantes los convierten en maestros de sus compañeros o tal vez funcionarios de algunos de los tres niveles de gobierno, en todo, menos en profesionistas de la licenciatura donde están inscritos.
También es válida la pregunta sobre el número de alumnos-delincuentes, profesores, rectores y funcionarios públicos que hacen válida la teoría del Dr. García Mainez, que desde luego hace a un lado los ideales de justicia.
No omitamos que los daños causados por estos vándalos, disfrazados de estudiantes, quedarán impunes para pagar los daños causados y es más, será el gobierno del estado-municipio quien por instrucciones superiores o se haga de la vista gorda o de plano se pague con los impuestos de los michoacanos.
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