Con escepticismo tratamos de aguantar el horario del programa que los miércoles reúne a un grupo de periodistas, que se supone, representan lo mejor que tiene la empresa Televisa, y que, para muchos no cumple con ese requisito, sin embargo, nosotros consideramos que es bueno escuchar distintos puntos de vista de las cosas, como sucedió con el candidato del PRD y la izquierda a la presidencia de la República.
Pero vimos con mucha tristeza que la intolerancia sigue siendo una de las características más importantes de quien, si no se piensa como él, descalifica lo que le rodea; claro ejemplo cuando descalificó al INEGI, al IFE a Transparencia Mexicana y otros organismos, asegurando que solamente “sus” encuestas son válidas, y lo demás, es parte del ya trillado por más de diez años “compló” que tanto ha anunciado.
Más grave lo sucedido en el Distrito Federal: las candidatas por el PANAL y el PAN no pudieron ser escuchadas; fueron increpadas, insultadas y se les vejó su libertad para expresarse.
En el caso de la candidata del partido de la Gordillo, probablemente el joven increpador tuviera razón, pero se le olvidó que ella, a pesar de que recibía insultos, le escuchó hasta que él concluyó. En seguida, al hacer uso de la palabra ella, no la dejó hablar, así de sencillo, porque no estaba de acuerdo en las respuestas.
El derecho de réplica debió ser respetado: fallaron los organizadores y la formación pseudo-universitaria del increpador, que se distinguió por ser un perfecto agitador.
El caso de la señora Miranda de Wallace es más grave aún, porque ahí se organizaron con pancartas y demás para “reventar” su participación. El columnista aclara que la candidatura de la señora Miranda es, a su juicio, una aberrante imposición del PAN por tratar de ganar lo que tiene perdido, ubicando ahí a quien por años criticó al gobierno federal, al que no bajó de corrupto y sucio, ante el asesinato de su hijo. Hoy es la candidata.
Pero no se vale que se le invite a una universidad, por parte de quien haya sido, sea autoridad educativa, estudiantil o de lo que sea, y no dejarla hablar. Es una falta de respeto a la democracia, a la inteligencia y a la decencia que debiéramos tener los seres humanos.
Si pensamos que el orador es lo más nefasto del mundo, pues no vamos y ya, o increparíamos a quien le invitó. No por ser distintos en forma de pensar tenemos derecho a coartar la libertad de esta persona de expresarse, y el derecho de quienes son afines, a escucharla.
¿A qué podría llevar todo lo anterior? A que nadie quiera pararse en foros presumiblemente “democráticos” para ir a recibir insultos. Sería ilógico que el candidato que va arriba de todas las encuestas vaya a un debate donde organiza un grupo que se ha declarado “Anti EPN”. ¿Cuál sería la actitud hacia él? ¿Lo dejarán hablar?
No suponemos que un joven universitario, rebelde y aparentemente crítico robe a alguien su derecho a expresarse: es muestra de una inteligencia poco desarrollada, sin duda alguna. Si no quiere escuchar, que no vaya, y listo.
No entendemos un movimiento apolítico que se dedica a la descalificación de un candidato en particular.
El encanto de la democracia sería escuchar a las cuatro propuestas, para tener argumentos que nos lleven a decidir en forma que suponemos será adecuada para nosotros. Pensar distinto a otros no nos debe descalificar, no nos hace más o menos inteligentes, pero sí nos hace distintos.
Insultar, coartar la libertad de expresión, agredir, gritar consignas sin las pruebas correspondientes, pensamos que es actitud poco tolerante, no propia de una clase social que, supuestamente, tiene la oportunidad de que se le ubique como la más pensante, por su nivel de estudios.
Demostrar que se es inteligente es ser crítico, tolerante, respetuoso, no ceder ante embates de otras ideologías, pero, agredir física o verbalmente… eso demuestra lo contrario.
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Atentamente
Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación
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