El columnista se ha manifestado toda la vida a favor de que los jóvenes tomen la directriz de su vida, que no se dejen manipular y exijan sus derechos, pero al mismo tiempo, que cumplan con lo que deben cumplir. Hoy en día surgen las inconformidades: una estudiante de Querétaro se ofendió por la forma en que se maneja “Yo soy 132”, dado que, como suele suceder, no se da la voz a los representantes de los estados fuera del Distrito Federal, malamente llamados el “interior de la República”, porque tan importante es un muchacho de Sinaloa como uno de la UNAM. Nada los hace extraordinarios por el hecho de pertenecer a una de las más legendarias universidades de América Latina.
Hemos vivido muchas cosas en este último mes dentro de las paredes de la universidad, y una de ellas no nos deja nada satisfechos, porque son algunos malos estudiantes los que reclaman y se quejan, los que quieren becas cuando no son capaces de ingresar al salón de clases, y sí tienen el tiempo suficiente para estar en las cafeterías, pasillos o patios.
Cuando son reprobados, exigen sus derechos; hoy que se forma un grupo dirigido para golpeteo político, se dicen apartidistas y exigen muchas cosas… aunque no son capaces de dar nada a cambio.
La vida es ida y vuelta, mis amigos, y para recibir hay que dar algo a cambio.
Los que encabezaron el movimiento de la polémica han exigido a una autoridad blanda y poco congruente con el estado de derecho que les hagan “campo” para ser observadores electorales: exigen un plazo más, a diferencia de los millones de mexicanos que no pudimos hacerlo, por desidia, tiempo o lo que sea.
El Instituto Federal Electoral cedió a los caprichos de ellos y ahora tendrán su propio plazo, como si fueran ciudadanos de un nivel superior. ¿Y la equidad en la ciudadanía? Condenamos totalmente la acción del IFE, y de esos oportunistas que hoy por hoy quieren ser observadores, cuando no fueron capaces de observar la ley y anotarse en tiempo y forma. ¿De qué privilegios gozan?
Insistimos: no estamos de acuerdo en que se les tome más en cuenta que otros grupos sociales: todos somos importantes en la medida de cada actividad, pero como ciudadanos, tenemos los mismos derechos… y obligaciones.
Los estudiantes de provincia se están dando cuenta de que es un movimiento dirigido con un fin especifico, y que busca algo muy particular, que no es precisamente el ser escuchados. A través de la historia la juventud ha tomado un papel protagónico que ha sido respetado, y cuando no ha sucedido así, ellos lo han tomado con sus propios medios.
“Yo soy 132” se desmorona: dicen que llevarán la voz de la juventud, según el vocero del ITAM dentro del grupo “Yo soy 132”, sin embargo, no han consultado a los millones de estudiantes universitarios cual es su filiación, simpatía, ideología o necesidades. Se circunscriben en formar un grupo que se declara “Anti Peña Nieto”, como si eso fuera una forma de pensar apolítica.
Suponen, malamente, que no tenemos inteligencia y que nos creemos la idea de que fueron convocados por la casualidad, y que más de un centenar de representantes de universidades públicas y privadas en forma espontánea se unieron y pronunciaron contra un candidato y por ser escuchados.
La pregunta obligada ¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué esperar los tiempos electorales? En ese sentido, y cuando comparan estos movimientos con otros estudiantiles, inclusive los que terminaron con cientos de muertos, tenían más autenticidad, porque los muchachos salieron a la calle a defender sus postulados, sin ser acarreados de fuerza política alguna, en forma aparente, aunque hay quien considera que si había nombres detrás de ellos.
Ahora descalifican a los grupos que se forman al no responder ellos a sus demandas. Descalifican, insultan, critican, acusan sin pruebas ni fundamento…
¿Eso es lo que queremos para nuestros hijos? Los que nos jactamos y presumimos de ser padres, queremos que sean conscientes de su realidad, que no les quiten nada… pero que tampoco los consientan de más y les cumplan sus caprichos, que son eso y no demandas.
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Atentamente
Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación
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