Por 8 rutas de cruce, bombero rescata cuerpos en el río Bravo

0

Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Con más de 20 años en el oficio, Gil Armando Arroyo, un experimentado rescatista del cuerpo de bomberos de esta ciudad, está especializado en el rescate de personas ahogadas en el turbulento río Bravo; este año rescató 19 cuerpos, la mayoría sin identificar.
Menudo de estatura y moreno de piel por ser originario de Chiapas, Gil Armando menciona que los cuerpos que ha rescatado fueron de personas con edades que van de los 19 a los 45 años, aunque la mayoría los sacó del agua completamente vestidos y con zapatos, algo inusual en quien desea cruzar la frontera como indocumentado.
“De todos los cuerpos que he rescatado, solo seis han sido identificados por sus familiares, el resto no”, explica con naturalidad, tras señalar que la mayoría puede ser de origen centroamericano o del sur del país.
Para este rescatista la búsqueda del llamado ‘sueño americano’ motiva a cientos de personas a querer cruzar esta rio que hace frontera con Estados Unidos, aunque reconoce que no todos lo logran al terminar en la fosa común del panteón municipal como desconocidos.

Ocho rutas de cruce

Algunos de los que se ahogan no saben nadar y se los lleva la corriente. Aparecen horas o días después, de acuerdo a las condiciones del clima en la región.
Las más importantes rutas, según refiere Gil Armando, se ubican a lo largo de unos 10 kilómetros de extensión del río, pero hay cuerpos que fueron rescatados en los municipios de Hidalgo, en Coahuila, y de Colombia, en Nuevo León, a más de 45 kilómetros al Oeste de esta ciudad.
En Nuevo Laredo las rutas de cruce más importantes son El Carrizo, los tres puentes internacionales, parque Viveros, El Frisco, Tratadora de Aguas y Kilómetro 18, por ser las aguas del río más tranquilas y de poca profundidad.
Gil Armando es el único de los más de 100 elementos con que cuenta la corporación, que se dedica al rescate de cuerpos de personas ahogadas, por lo que conoce el río como la palma de su mano.
“Pero la gente siempre busca la manera de cruzar por diferentes lugares, pero por no saber nadar y no conocer bien el río, pierden la vida porque en algunos lugares hay pozos y se hunden al enredarse con las algas”, expresa.
Los vestigios de ropa, botes de plástico, restos de comida incluso de personas que esperan el momento para cruzar, son claros indicios de que esta frontera es una de las preferidas para llegar a Estados Unidos, pese a la férrea vigilancia que existe en las márgenes de río que colindan con Estados Unidos.
Pero potentes cámaras, helicópteros que rondan sus orillas, veloces lanchas de hélice, decenas de agentes a bordo de vehículos ‘todo terreno’, montando a caballo o en cuatrimotos en los lugares más alejados y la presencia de la guardia nacional, hacen innecesaria la construcción de una barda perimetral, lo que hace casi inaccesible el cruce de personas por esta región.
Los 200 mexicanos deportados cada día son el reflejo de esa vigilancia, aunque una cantidad similar de centroamericanos y mexicanos que arriban a esta frontera en el mismo lapso de tiempo, testimonia que pese a ello, el deseo de llegar a Estados Unidos es lo primordial, y más si se ha viajado durante un mes desde El Salvador y Honduras.
“Hace algunos años el cruce de personas era mayor por esta frontera, y por lo mismo se ahogaban más en el río, por lo que casi a diario sacábamos hasta tres personas ahogadas hasta llegar a 70 en un año. Pero la situación ya cambió porque bajó la migración de personas y aumentó la vigilancia en el lado americano del río”, explica el rescatista.

Casi con las uñas

En este mes Gil Armando no ha tenido actividad en el río, ya que no se han reportado personas ahogadas, y espera que así continúe la situación.
Sin embargo, sigue utilizando casi la misma técnica que hace veinte años: una vieja lancha con motor fuera de borda y dos remos, un vetusto chaleco salvavidas, un deslucido y decolorado uniforme azul, y mucha fuerza de voluntad y amor por su trabajo, el que hace respetando la línea divisoria entre los dos países.
Pero dice que está más capacitado que antes, ya que ha recibido diferentes cursos de mejoramiento de las técnicas para utilizar cuerdas de amarre para los cuerpos, los que ya no los toca de manera directa, como antes lo hacía. Y es que de entre todo el cuerpo de bomberos, la labor de rescatista es la menos reconocida.
Explica que cuando lo cuerpos tienen menos de 24 horas, son subidos a la lancha, pero cuando las personas se ahogaron con más de 48 horas, es necesario atarlas y arrastrar los cuerpos con una cuerda hasta la orilla, para que las autoridades ministeriales den fe y ordenen su traslado a una funeraria, para su reconocimiento o su entierro en la fosa común.
“Estoy preparado para hacer un rescate en agua o de altura en el momento que sea, y si no cuento con el equipo adecuado para entrar al agua, me meto al agua para sacar el cuerpo o rescatar a la persona que se esté ahogando”, señala.
Recuerda que hace tres años rescató en una isla ubicada en el ejido La Cruz, a 10 personas que estaban a punto de ahogarse, y es la mayor proeza que recuerda haber hecho desde que es bombero.
“Para salvar vidas no existen límites fronterizos, porque si veo una persona que se está ahogando en el lado americano del río o en otro estado, me meto a rescatarlo, porque salvar una vida es más importante que una línea divisoria”, sostiene.