A una escasa semana de que terminen las campañas políticas, la llamada guerra sucia comienza a tomar forma principalmente entre los candidatos del PRI/PVEM, Enrique Peña Nieto, y del Movimiento Progresista PRD/PT/MC, Andrés Manuel López Obrador, por la simple y sencilla razón de que ambos piensan ser los punteros en las encuetas que los colocan en el pedestal de los ganadores, pero la verdadera lucha será entre estos dos personajes el uno de julio.
Sin embargo, habrá que tomar muy en serio la participación de la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, por el hecho de que pertenece al partido en el poder, y de que la experiencia practicada por el PRI durante 70 años, indica que el partido que está en el poder difícilmente lo querrá dejar, ya sea por arrebato o por desición.
Así, bajo esa tónica, lo que resulte de las encuestas que a diario surgen como hongos malignos, deberá ser lo que menos deberá interesar al electorado, debido a que sabemos perfectamente bien que los resultados que obtengan y den a conocer de manera pública, solo obedecen a los intereses de quienes las ordenan, en este caso los partidos políticos y las empresas subordinadas a ellos.
Ninguna de las encuestas tiene validez social ni legitimidad, ya que por su escaso número de encuestados, no representan el universo mínimo que deben tener para que sean legitimadas, y para que la sociedad pueda confiar en ellas, ya que solo son manipuladoras de la intención del voto de quienes aún tienen duda por quién votarán el día de las elecciones.
Y es que una encuesta política tiene implícito como ingrediente adicional a los datos ofrecidos, la distorsión intencionada de una realidad a través de una visión ficticia, en este caso, del espectro electoral que se avecina.
No he visto en ninguna de las encuestas, que las empresas que las promueven den a conocer el método científico ni al tipo de población a la que se dirigieron, por lo que no son de fiar.
Por ello es que la verdadera encuesta será el uno de julio, cuando los 70 millones de electores que tenemos una credencial de votar, acudamos a las urnas a romper con los mitos de la TV comercial, porque entre más votantes acudamos a las urnas, las posibilidades de un fraude electoral serán mínimas.
Ni Berumen, Ni María de las Heras, ni el Universal, ni Milenio, ni Reforma y ninguna de las empresas que han ofrecido los resultados de sus encuestas, nos podrán decir que es lo que ocurrirá el uno de julio, porque el futuro es tan impredecible que unas simples encuestas jamás podrán descifrar.
Empero, en Nuevo Laredo y en Tamaulipas las encuestas han servido para que los candidatos a senadores y diputados federales, descansen en las espaldas de sus candidatos a la presidencia de la República, y tan es así, que sus campañas han sido grises, apáticas, sin motivación, desangeladas y mentirosas.
En Nuevo Laredo cada candidato dejó caer en sus presidenciables la carga de la responsabilidad del voto y de un posible triunfo, por lo que el trabajo que les correspondió simplemente nunca se vio.
A Verónica Flores, candidata del PRI, la ausencia de un discurso convincente y de promesas auténticas, la han convertido en una mala réplica de Enrique Peña Nieto, cuyas propuestas repite la candidata en cada una de sus presentaciones en público.
Sin presencia ni discurso, Verónica está esperanzada en que el efecto Peña la envuelva y la haga triunfar sin mayor esfuerzo, cosa que podría ocurrir gracias a la magnífica estructura y disciplina que sus militantes tienen en estas latitudes, aunque cualquier priista desconocido pudiera obtener el triunfo, ya que será en última instancia el partido y no el candidato, el que lleve a las urnas a sus seguidores.
Por el lado del PRD, la simpática jovencita Lizbeth Marín piensa lo mismo. Cree que el efecto AMLO cobijará sus aspiraciones y la llevará al triunfo sin tanto esfuerzo ni trabajo, porque ha sido poco el trabajo que ha realizado en estos 90 días de campaña.
Detrás de ella, el dirigente estatal de su partido, Jorge Valdez Vargas, se frota de manera maliciosa las manos, pensando que el triunfo está a la vuelta de la esquina.
Lo mismo ocurre con la gris y opaca campaña del PAN, que lleva a cabo Glafiro Salinas Mendiola, la que ha estado llena de deslices y tropezones, de pataditas debajo de la mesa y besos de Judas por encimita.
Cree este agente aduanal que el efecto Felipe Calderón, no el de Josefina Vázquez Mota, lo salpicará de entusiasmo el día de las votaciones, y que lo hará ganar por obra y gracia del partido que está en el poder, sin trabajo y sin una imagen que pudo crecer pero que no quiso, ya fuera por vanidad propia o por mandato del Comité Ejecutivo Nacional.
Bajo esa óptica surge una pregunta que posiblemente muchos de nosotros nos hacemos. ¿En dónde está el dinero o presupuesto destinado para las camp añas de cada candidato? , porque no hemos visto en las calles esa fastuosa publicidad de antaño, ni las brigadas pegando propaganda sin ton ni son, ni tampoco a los automóviles con calcomanías pegadas en su lámina.
Tampoco hubo compra masiva de publicidad en algunos medios de comunicación ni el acarreo masivo que suele ocurrir durante una campaña, sobre todo la del PRI, ¿y si esto no ocurrió, entonces adónde fue a dar el dinero? Alguien debería explicarlo.
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La negativa de Enrique Peña Nieto de acudir el debate organizado por los estudiantes integrados en el movimiento #Yo Soy 132, no solo habla mal de un personaje que quiere ser presidente de la República, sino que con dicha actitud demuestra no estar preparado para afrontar los retos que un país como México le pone de frente.
Creo que fue un error de estrategia y de logística no acudir a dicho debate, y ello muestra debilidad, falta de temperamento, ausencia de carácter, nula voluntad para enfrentar un reto y sobre todo, falta de capacidad para resolver problemas.
El que su equipo haya considerado que no había condiciones ni seguridad para que se presentara el candidato del PRI, es un argumento inútil que demuestra una vez más la falta de capacidad de Peña Nieto, porque de llegar a ganar las elecciones, ¿Cómo podrá enfrentar y sobre todo resolver los grandes problemas nacionales bajo un escenario de inseguridad y de violencia como el que se vive actualmente?
¿Acaso diría de nueva cuenta que no irá jamás a ciudad Juárez, a Tamaulipas y Nuevo Laredo, a Nuevo León, Acapulco, Morelos, Michoacán, Guerrero, Sinaloa, Zacatecas, Coahuila y tantos estados dominados por la inseguridad, solo porque no hay garantías para su persona?
Por cierto, este candidato estuvo este martes en Reynosa, en donde se comprometió a ‘limpiar’ Tamaulipas de la inseguridad, como si por decreto o por una simple firma ante notario público, la inseguridad pueda ser borrada.
No, las cosas no son así. La inseguridad es el resultado de decenas de años de corrupción e impunidad ante el delito y ante los delincuentes, y para que desaparezca no basta decirlo o decretarlo.
Se requiere de un enorme esfuerzo de saneamiento de las instituciones públicas, de capacitación del personal que trabaja en ellas, con base en la aplicación de estrategias que permitan a mediano plazo, dictar con el ejemplo la aplicación de las leyes y reglamentos, es decir, que nadie esté nunca por encima de la Ley y castigar a quienes osen hacerlo.
El delito existe porque se permite la existencia de delincuentes en las calles, y si estos existen es porque la impunidad los ampara al no aplicarse las leyes como debe ser, y porque la corrupción que aún existe al interior de las instituciones responsables de la administración y procuración de la justicia, le han fallado a la sociedad.
Y aquí hablo desde el ciudadano simple que acepta ser parte de la corrupción o que la fomenta a través de dádivas o mordidas a servidores públicos, hasta el abogado que litiga a favor del delincuente a cambio de grandes sumas de dinero, del Ministerio Público cómplice del abogado que se aprovecha de la víctima para convertirlo en responsable del delito, hasta los jueces y ministros de la Corte que se prestan a fallar de manera equivocada en los tribunales.
Es así como funciona en México la Ley y la Justicia, y solo cambiando las actitudes sociales, aplicando las leyes y modificando los Códigos estatal y federal de procedimientos penales, además de aplicar con el ejemplo al castigar al verdadero delincuente y darle certidumbre al ciudadano, como en este país se pudiera sino terminar, al menos disminuir los índices de violencia y de inseguridad actuales, no con decretos ni con promesas banales. ¿Podrá hacerlo algunos de los candidatos?
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El lunes retornaron de un larguísimo y cansado viaje por la Madre Patria, España, dos regidores, uno del PRD y otro del PRI, a quienes se les ‘pegó’ un funcionario del PRI que quería conocer sus orígenes en el viejo continente.
Me refiero al regidor del PRD y presidente de la Comisión de Ecología en el Cabildo de esta ciudad, Sergio Martínez López, al también regidor pero del PRI, Raúl Posadas Madariaga, y titular del Instituto Municipal de Planeación y Desarrollo Urbano (Impladu), Carlos de Anda, quienes por dos semanas estuvieron en Madrid (y me imagino en otras ciudades también), con la misión de recoger de manos del alcalde madrileño, un escueto y nada significativo premio denominado ‘Escoba de Oro’.
Este premio, de acuerdo a los funcionarios, se les da a las ciudades que se distinguen por su trabajo a favor de la ecología y de la limpieza, ¿Cómo Nuevo Laredo?
Estoy de acuerdo en la importancia de este premio, pero porque ir hasta España a recogerlo si se puede enviar por correspondencia y establecer el protocolo de entrega vía satelital sin necesidad de tanto gasto.
Además, quiero preguntar que se está haciendo por la ecología de nuestra ciudad, si vemos las calles llenas de basura, las márgenes del río Bravo repletas de b asura de todo tipo, 11 descargas residuales que aún no son desconectadas de los drenajes pluviales y que van de manera directa al río Bravo, y montones de basureros clandestinos que nadie atiene en esta administración, pese a que están localizados en varios ejidos.
Pero creo que lo más importante y preocupante es el dinero del erario público que gastaron estos tres personajes en un inútil viaje a Madrid, dinero que bien podría invertirse en asuntos de mayor utilidad para nuestra ciudad.
Por ejemplo y para establecer el nivel del gasto que uno solo de ellos hizo en ese viaje, se hizo el siguiente balance:
• Boleto de avión ida y vuelta para una persona a la ciudad de México para tomar el vuelo hacia España (costos estimados de acuerdo a la fluctuación del dólar y a la temporada del viaje, alta o baja) = $ 5,000.00
• Boleto de viaje redondo de avión a Madrid. Económico por Iberia = 2,400 Euros.
• Boleto normal por British Airways= 2,800 Euros
• Bolero de avión por Delta = 1,600 Euros
• Hospedaje por día en Madrid = 300 Euros multiplicados por 10 días= 3.000 Euros
• Alimento pudo ser gratis por invitación un par de días, pero el resto a razón de 100 Euros diarios o 1000 Euros por todo el tiempo por persona
• Se considera la compra de los Suvenires por cuenta propia
• TOTAL APROXIMADO DEL GASTO POR CADA FUNCIONARIO= 6 mil 400 Euros por persona, y al tipo de cambio con el dólar da 7 mil dólares por cada uno, además de los 350 dólares del viaje de Nuevo Laredo a la ciudad de México.
• En total por los tres funcionarios se pudieron gastar 20 mil dólares aproximados, lo que en pesos mexicanos da la respetable cantidad de casi 300 mil pesos en ese viaje
¿Cree usted que cada quien pagó de su bolsillo tanto gasto? ¡Claro que no!, Salió de nuestros impuestos, el de usted y el mío, aunque ellos digan lo contrario, pero deberán demostrarlo.
¿Porqué si uno de ellos es el responsable de la Comisión, fueron tres a ese onerosos e inútil viaje?
¿Para qué nos sirve una simple escobita de oro del tamaño de una pluma, si la ciudad está invadida de basura por todos lados? Bueno, la mía es solo una simple opinión.
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Hasta mañana
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