ORBE/Ma. Teresa Medina Marroquín *De pronósticos reservados

“Hacer del juego un negocio no puede compararse con el negocio del juego”
Ambrose Bierce

Dicen que al crear a cada raza del mundo, el Todopoderoso moldeaba la figura de barro con las características propias de cada región y la lanzaba a la fuente del agua eterna para que adquiriera vida. Pues resulta que cuando tocó el turno del mexicano, después de formar la estampa perfecta del charro y sumergirlo gentilmente en las aguas que dan vida, salió hecho una fiera, enfundando sus pistolas amenazantemente, preguntando quién diablos lo había aventado al agua.
Para bien o para mal, el mexicano se caracteriza por ser una persona pícara, de mucho ingenio, sagaz, perspicaz, tolerante, paciente, brabucón y todos los adjetivos que el amable lector guste añadir, siempre y cuando sea mexicano. Y no es que sea yo xenofóbica, sólo que en el extranjero nos perciben de otra manera por ser tan “aguantadores”.
Pero bueno, esa es la idiosincrasia de nuestro pueblo y nada ni nadie puede cambiarla, así sea el mismísimo Felipe Calderón que quiere, a cualquier precio, un país utópico que no encaja en ninguna región del mundo.
El problema inicia cuando la picardía se aplica con vileza; cuando el ingenio, la sagacidad y la perspicacia traspasan los límites de la moralidad y se convierten en actos de ilegalidad.
Los últimos días, los medios de comunicación nos han dado cuenta de sendos informes sobre abusos de autoridad, desfalcos monetarios y lavado de dinero, por mencionar sólo algunos ejemplos, que dejan al descubierto una telaraña impresionante de casos de corrupción en nuestro país, como suceden en otros países del mundo.
¿Cuál es la diferencia? Que en aquellos países se aplican las leyes sin distingos, mientras que en México se aplica, más bien, el pensamiento anacarsista de que “muchas veces las leyes son como las telarañas: los insectos pequeños quedan prendidos en ellas; los grandes la rompen”.
El caso HSBC en nuestro país no mereció amonestación alguna, al menos, mucho menos investigación, quedando al descubierto la vulnerabilidad (y complicidad) de la banca en nuestro país. Los contratos adjudicados de manera directa por el gobierno panista a unas cuantas empresas con generosos dividendos, incluyendo la Sedena, simplemente no son objeto de pesquisas.
La fuga y venta de los exámenes para los maestros quedó en el aire (tal parece que el SNTE finalmente tenía razón cuando argumentó que no existían las condiciones para llevar a cabo la famosa evaluación universal).
Y para rematar con boche de oro, una de las pocas esperanzas de muchos mexicanos para salir de la pobreza en que se vive de plano fue truncada al saber del fraude multimillonario ejecutado en el seno del Melate de Pronósticos Deportivos. “Ya me vi”, seguramente fue lo que pensaron los altos funcionarios al realizar la simulación del sorteo en tan sólo ocho segundos.
Pero hay malas noticias para el pueblo de México: el fraude de 160 millones de pesos podría quedar impune porque, de acuerdo con el Código Penal Federal, ese tipo de actos no está considerado delito grave. Además de que se pudo “recuperar” el dinero, según ellos. ¡Qué cosas!
Si un pobre hombre sustrae por necesidad un kilo de tortillas de un lugar, por poner un ejemplo nada más amable lector, es inmediatamente presentado ante las autoridades, aunque se hayan recuperado las tortillas, y hasta la cárcel va a dar.
Eso sólo sucede en nuestro país, un país donde definitivamente las leyes son de pronósticos reservados.
Hablando de leyes. Una cosa es rebasar los gastos de campaña y otra muy diferente argumentar lavado de dinero en las mismas.
Andrés Manuel López Obrador debe tener mucho cuidado con las “estrategias” que está siguiendo para desvirtuar el proceso presidencial pasado.
Estamos ante una coyuntura grave. Si resulta falso, como han resultado todos sus alegatos, debe castigarse por llegar a la calumnia en su afán de mal perdedor. De lo contrario, el escenario es aún más complejo.
En fin, por ahora no me resta más que desearle un excelente inicio de semana; recordándole que en familia es más sencillo ser feliz.
Hasta la próxima.
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