“Gracias a Dios que estoy vivo”, lamentan migrantes víctimas de inseguridad

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Nuevo Laredo, Tamaulipas.- “Padre, gracias a Dios que estoy vivo”, mencionaron unos migrantes que fueron privados de su libertad hace unos días, y que por fortuna dejaron libres sus captores, testimonios que sorprendieron al sacerdote católico Jesús Reyes, director de la Casa del Migrante de esta ciudad desde el uno de julio.

La frase es uno de tantos lamentos que el religioso escucha casi a diario de las decenas de migrantes que han sido víctimas de la inseguridad al momento de llegar a Nuevo Laredo, ya sea desde Centroamérica o de otros lugares de México.

Pero en solo dos semanas, el padre Reyes también conoció de cerca la inseguridad: hombres armados, asaltos a los voluntarios, agresiones y migrantes que fueron secuestrados por horas, además de sentimientos de rabia, impotencia y coraje de los migrantes.

Su recibimiento al llegar a esta ciudad, a la que describió como violenta e insegura, no fue el que esperaba.

“Al llegar aquí vi que no hay policías y que está el ejército fuertemente armado. Es un México que yo desconocía, un México nuevo al que ya me estoy acostumbrando”, menciona pese a ser mexicano de nacimiento.

En las entrevistas con los migrantes que buscan apoyo en el refugio, algunos que fueron víctimas de la inseguridad le comentaron su odisea, y luego de escucharlos, mencionó que “vi en ellos mucha tristeza, impotencia y rencor por lo que les había ocurrido”, explica.

Sin embargo, pese a ello, menciona el sacerdote que el trabajar con migrantes bajo condiciones de inseguridad, requiere de mucho apoyo y seguridad, y de no vivir sumido en el miedo

Bajo ese contexto, dice el religioso que llegó para ayudar a los migrantes pese a lo que ocurra en el exterior, y menciona que “sería muy noble defender a los migrantes ante cualquier amenaza, porque estamos expuestos y vale la pena”.

Una trinchera

Para Reyes trabajar en la Casa del Migrantes es una trinchera desde la que defenderá a los migrantes ante la adversidad, al intentar borrar la mala imagen que se tiene de ellos, de que son delincuentes o ladrones, y señala que es una responsabilidad de las autoridades el protegerlos, “porque es un problema del municipio, del estado y de la nación”, precisa.

El padre Reyes es joven y su apariencia no es la de un sacerdote porque no viste un hábito, pero ya tiene experiencia en la defensa de los derechos de los migrantes, porque participó en Estados Unidos en movimientos para su reivindicación.

Por ello es que se ha reunido con los actores sociales más importantes de la ciudad, de quienes dice, encontró disponibilidad para apoyar a los migrantes yal albergue, el que cuenta con 7 años de haber sido abierto.

“Para ayudar a los migrantes requerimos de la colaboración de todos, y no importa si son o no religiosos. Basta con que se quiera ayudar al migrante, pero que no se utilice con otros fines, porque el migrante es el que está enfermo y el que necesita 24 horas de atención, es el que acaba de llegar y el que huele a sucio”, señala.

Y remata: “El migrante no es el de la foto, la que que se toman con el que está limpio y todo bonito”.

Refiere que se trata de un problema global que requiere ser visto de manera más amplia por los países inmiscuidos en ello, y no como una estadística a la que se puede explotar.

Las estadísticas

La Casa del Migrante tiene actualmente 70 personas en atención, de las que 30 son mexicanos deportados y 40 centroamericanos, principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala, cantidad que comenzó a aumentar desde el domingo 24 de julio, cuando en grupos de 30 de otros países comenzaron a llegar al albergue cada día.

Refiere que de los deportados, muchos de ellos tenían 25 años de vivir en Estados Unidos, y que por una infracción de tránsito, violencia doméstica y otras causas, fueron detenidos y luego deportados.

“Algunos de ellos han vivido toda su vida en Estados Unidos y no conocen a nadie en México y no hablan español”, señala.

En los primeros 5 meses del año, la Casa del Migrante recibió a 4 mil 300 migrantes, pero a raíz de la puesta en marcha del tren carguero que había quedado varado en Oaxaca por el derrumbe de un puente, se espera que la cantidad de atendidos sea de hasta 120, que es el máximo cupo.

Algunos intentan regresar a ese país como indocumentados, y otros prefieren regresar a sus comunidades de origen en México, luego de ser deportados.

Jesús Reyes llegó a Nuevo Laredo desde la ciudad norteamericana de Chicago, en Illinois, y mencionó que en ese país participó en movimientos a favor de los migrantes, por lo que no le extrañó encontrarse con migrantes cuyos derechos son violados en esta ciudad.