Entre Nos/Carlos Santamaría Ochoa*Entre secretarios te veas…

Sin lugar a dudas, quienes aspiren a tener un cargo importante dentro de la administración pública, sea federal, estatal o municipal, tienen que ver, con lupa, si es necesario, las hojas de servicio de quienes se conviertan en sus colaboradores más cercanos, con la idea de que éstos pueden ser el motivo de su brillante trabajo… o su debacle como servidores.

Abundan los casos en que algunas personas tienen necesidad de acudir a una dependencia y lo hacen, con la esperanza de entrevistarse con quien pueda resolver sus dudas o problemas, y se enfrentan tristemente a una persona que, siendo asalariada de segundo, tercero o cuarto nivel, provoca que salgamos enojados, maldiciendo o lamentando la hora en que nos “atrevimos” a ver a tal o cual persona.

El que tiene un cargo, elegido o nombrado, tiene que considerar el hecho de que es tan importante uno como otro ciudadano; las distinciones no funcionan y no son bien vistas, porque luego, la gente, cansada de tantas humillaciones y desprecios, opta por hacer una mala publicidad de boca en boca, o de plano, en una elección, cambiar su intención del voto en protesta silenciosa –pero efectiva- al trato recibido.

Es común llegar a la oficina o hablar por teléfono y que nos digan que el funcionario -o funcionaria- está ocupado, que no puede atender nuestro llamado o necesidades, porque tiene cosas importantes qué hacer ¡Así de torpes son algunos!

Cómo decir a la gente que no es importante, cuando un servidor público se debe a todos –sin excepción- los ciudadanos que han votado por ellos, y a los que no lo hicieron, también se les debe tratar con respeto y atendiendo sus obligaciones, porque finalmente, quien les paga es el pueblo mismo.

Cuando nos dicen que está ocupado en cosas importantes, nos imaginamos que vamos a quitar el tiempo, que somos ciudadanos de segunda o que, de plano, no tienen interés en rozarse con el pueblo, con aquello que describía Quico como “la chusma”. Así nos hacen sentir a veces.

Otra respuesta característica es “El licenciado está ocupado en una reunión –o en una llamada- y le devolverá la llamada. Suele suceder que hablamos con el funcionario y nos da una indicación desconocida por su secretario privado, particular o la secretaria en cuestión, y de plano, por sistema, nos lo niegan diciendo: “acaba de salir a un evento” o a una reunión, da lo mismo, el caso es que no nos permiten tener acceso a esa élite de servidores públicos.

¿Realmente los funcionarios tienen tan corta capacidad de entendimiento? Nos recuerda a aquel secretario particular que se dedicó a negar a un rector, hasta a sus amigos más cercanos y familiares, lo que provocaba que todos hablaran mal de él. El rector nunca se enteró de las llamadas o visitas, y cuando reaccionó, el daño de su secretario era insalvable. Así sucede hoy en día con algunos servidores, aunque hay sus excepciones. La educación y los principios familiares y personales sobresalen en estas actitudes.

¿Por qué la reflexión última? Porque hemos tenido la necesidad de constatar que cuando alguien proviene de buena cuna –entendiéndose como tal el tener principios básicos de honorabilidad y educación- siempre surge como un ser especial: el alcalde de Victoria, Miguel González Salum ha dado muestras a cientos –o miles- de victorenses cómo se debe servir en un cargo: siempre disponible, con formas adecuadas de trato que debieran imitar algunos.

Claro que González Salum tiene un equipo de secretarios que se manejan con eficiencia y tienen clara la instrucción del presidente municipal: atender a todos, sin excepciones.

Es muy justo reconocer la vocación de servicio de Miguel González Salum y sus colaboradores cercanos, y lamentar profundamente a aquellos que difícilmente contestan una llamada, argumentando estar más ocupados que su jefe.

Esos secretarios debieran ponerlos en la calle, donde probablemente puedan ser más útiles. Los servidores que tenemos no merecen este tipo de colaboradores, que solo sirven para dos cosas: para estorbar, y para … (ya sabe usted).

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