Victoria, Tamaulipas.-Padres de familia están haciendo un llamado a la Secretaria de Salud para que intervenga en la comercialización que se hace de un refresco en un envase de color dorado, idéntico al que utilizan los niños y jóvenes que consumen inhalantes:
“Para nadie es un secreto que los niños y jóvenes que tienen el problema de drogadicción y lo hacen con inhalantes sus preferidos son las pinturas en aerosol dorado o plateado, por eso ahora que mi hijo que es estudiante de secundaria me llego con un bote de refresco pintado de dorado me alarme, pero me dijo que lo había comprado en la tiendita de la esquina”.
Pidiendo el respeto a su identidad este padre de familia asegura que temiendo pecar de exagerado consulto en internet la pintura dorada como medio para drogarse:
“Y no me equivoque al alarmarme, ya que se dice que los inhalantes son populares entre los sectores marginales en donde los spray dorados y plateado por ser más fuertes les “pegan” más duro, por lo que incluso en la central de autobuses se pueden ver a jovencitos con su botella pintada del mencionado color, misma que ahora se comercializa a gran escala”.
Hace un llamado a la Secretaria de Salud para que intervenga de inmediato, pues no se puede permitir que se convierta en moda de consumo, algo tan grave, ya que sobre todo los jovencitos tienden a imitar”.
En este mismo contexto se documenta que el uso de inhalantes es de gran riesgo por sus efectos en la salud ya que los vapores inhalados llegan rápidamente al torrente sanguíneo como si se los inyectara; el efecto varía según la persona, la substancia química y la cantidad, pero la mayoría de los inhalantes producen efectos similares a los de los anestésicos, que reducen la actividad funcional. Tras el consumo, sus efectos se inician rápidamente y duran poco, entre minutos y una hora.
El cuadro se inicia de manera similar a la embriaguez alcohólica, aparece euforia que se acompaña de cefalea, mareo, retraso psicomotor e incoordinación, marcha inestable, temblores, debilidad muscular generalizada, visión borrosa o diplopía.
Más tarde aparecen hipotensión arterial, bradicardia, náuseas, temblores, tos, hipersalivación, fotofobia y alucinaciones, cambios de conducta con sensación de grandiosidad, irritabilidad y agresividad.
Además, se dan problemas escolares y familiares, y en los adolescentes y adultos jóvenes se puede asociar a delincuencia y desempleo.


