Pocos conocen su origen, aunque parece que a nadie le importa, excepto a los periodistas que en la Plaza Juárez de vez en cuando se ocupan de destrozar su reputación y la de su familia.
Y es que algunos comunicadores se enteraron que en la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas los tachó de “pinchuirrientos”y presumió que los periodicazos le hacen lo que las moscas al cadáver de un perro.
El, de niño, junto con sus hermanos habitó en el populoso barrio del 4 Mutualismo, en una casa de madera de una vecindad que le rentaba Don Juan Cepeda, en Ciudad Victoria, y en la medida en que fue creciendo sus consanguíneos le fueron abriendo los ojos y le aconsejaron que se afilara bien las uñas porque tenía futuro en el Gobierno de Tamaulipas y la nómina era como un botín que podía explotar.
Ya de joven y por palancas familiares se introdujo al aparato oficial, aunque el puesto de mayor relevancia que escaló es el que actualmente ostenta, el de Director de Informática de esa dependencia, a donde llegó por la recomendación del ex esposo de una ex Procuradora en los tiempos de Tomás Yarrington.
A ella le extrañó tal recomendación y, dicen, los que saben, que luego de dar tal paso se arrepintió he hizo rabietas cuando se enteró de las formas que se utilizaron para darle abrigo al nuevo inquilino.
Cuentan, que fue una de sus hermanas la que lo empujó y lo colocó en ese lugar y aunque todos conocen la estrategia, se reservan los datos para otra ocasión porque introducirse en la vida privada de las personas públicas no es ético y si se puede pecar de inmoral.
Lo que sorprende es lo rápido que él aprovechó para crecer económicamente, al grado de que ya borró de la mente su humilde origen y un día si y otro también desde su puesto levanta el látigo para azotar a sus empleados y les mete el pie para que renuncien.
El, y sus hermanos y hermanas, crearon fama como buenos burócratas que fueron y son y de Mario Mota Vázquez, algunos de sus ex empleados, entre ellos uno cuyo nombre inicia con “I”, no tienen gratos recuerdos, porque por debajo del agua manchó su reputación para presionarlo para que cambiara de adscripción, lo cual a final de cuentas, logró.
En el área de Seguridad, en otro puesto que disfrutó, su historia no fue diferente, tan es así que por los comentarios que se hacen en torno a su mal carácter, lambisconería y especial forma de tratar al personal, desde ese entonces fue perfeccionando el mote de “casiquillo” que se ha ganado a pulso.
Mario no asimila que no es nadie en el aparato gubernamental, pero con su actitud pone en riesgo el buen nombre de la autoridad principal donde labora, en momentos en que el horno no está para bollos.
Y es que por su comportamiento ya hasta los periodistas empiezan a rascar entre las entrañas de la Procuraduría, sobre todo en lo que tiene que ver con la lista de personal de Mario, los privilegios de que gozan sus súbditos y hasta el nombre de ex funcionarios del pasado y de sus familiares que supuestamente cobran en esa dependencia, esto, para que retire el mote de “pinchurrientos” con el que los bautizó y que lo modifique por lo menos por el de “investigadores” citadinos.
Por lo pronto en las pláticas de café no le encuentro a Mario un gramo bueno para poder interceder a su favor, menos aun cuando algunos columnistas están ofendidos por el tamaño del calificativo que uso.
Por eso su osadía es insólita y su jefe, se ve lento en reaccionar.
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