Domingo casi familiar, o al menos en casa, y algunos de nosotros aprovechamos para consentir a la cama y estar en ella hasta que de plano, ya no podemos más. La televisión juega un papel importante en estas horas de descanso excedido, y más aún, cuando se trata de ver algo interesante.
Resulta profundamente lamentable estar viendo un juego de fútbol, como fue el caso del América-UNAM, o el partido Manchester United-Chelsea; en el segundo, el “niño” Torres fue expulsado por segunda amarilla, ya que al entrar al área se tiró un clavado, simulando una falta; en el juego Pumas-Aguilas sucedió lo mismo con Mosquera y muchos más, que trataron de engañar al árbitro, al contrario, a sus compañeros y a millones de aficionados.
Lo que sucede en el fútbol luego de la farsa llamada Liga MX no ha servido de nada, y peor aún, tiene connotaciones peligrosas. Vamos al grano.
Entendemos, no hay que tratar temas de deporte en este espacio, sin embargo, es necesario en esta ocasión:
En la población, estamos faltos de líderes, de figuras, de ejemplos, de personas que sirvan precisamente de ejemplo a nuestros hijos para ser importantes, grandes, honestos, útiles. Esto ya no sucede. Antes, había cantantes que eran ejemplo para todos, deportistas que daban su vida en la cancha; tenemos el gran ejemplo de figuras como Manuel Raga, como Salvador Reyes o como Michael Jordan y muchos más que hoy en día nos hacen mucha falta.
Hoy, nuestras figuras: los Picolines, los Ramírez, los Tilones y los Cubos o los Piqués o Alves, los Di María que no hacen más que engañar, engañar y engañar.
Los artistas hoy en día son famosos por su adicción a las drogas, sus múltiples matrimonios y escándalos sexuales, o porque se dedican a traficar de todo.
Recordemos, los artistas y los deportistas son ejemplo para nuestros hijos: ellos imitan las acciones y actitudes de estas personas.
Horroriza el saber que un hijo nuestro sea tan tramposo como el Niño Torres o como el Picolín; no concebimos que un individuo que vive del deporte, por un rozón esté minutos enteros tirado en el césped, revolcándose. Decía David: “papá, a mi me daría vergüenza que mi hijo me viera en televisión revolcándome simulando una falta”.
Y lo grave, decimos, es que estos ejemplos los gobiernan en su vida, y cuando llegan a ser servidores públicos, acostumbrados al engaño y la trampa, dedican sus horas a hacer eso: trampas, deshonestidades y mentiras.
Hay quienes los tachan simplemente de “maricones”, porque el término aplica a esos que simulan, que no son capaces de enfrentar su realidad, que no tienen carácter ni agallas. Esos no merecen estar en la lista de figuras.
Duele ver a un chico tan joven como el “cubo” Torres revolcándose de dolor por nada o tirándose un clavado fingido; lastima observar a los porteros que, cuando van ganando, hacen tiempo simulando faltas.
Si un abogado, periodista, albañil, contador o policía hace algo malo, lo satanizan, lo condenan, lo señalan como tramposo… ¿y al futbolista qué?
Si tuvieran un poco de madurez y vergüenza profesional, ética o sentido de la honestidad, los que dirigen la Liga MX prohibirían estas simulaciones.
Hay que hacer algo, pensamos, porque nuestros hijos que admiran a Messi O Ronaldo, a Kobe Bryant o a cualquiera de los grandes del fútbol, tomarán su ejemplo, querrán ser triunfadores como ellos, pero si es a base de trampas y mentiras, preferimos que sean de los de en medio.
Los que figuran, cuando lo hacen con simulaciones y trampas, denigran a sus familias y a sí mismos, que aunque seguros estamos que no les importa a cambio de dinero, sí denigran a la raza humana… y joden la figura de líder que tenían nuestros hijos, y eso, no se vale, por eso, para nosotros son solo unos tramposos y maricones.
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