Cuando recibí la nota vía “inbox” que no es más que un mensaje interno de Facebook, me di cuenta de qué tanta falta nos hace la solidaridad y el buen uso de las redes, así como de dar seguimiento a los compromisos que tienen contenido social, y la urgencia de hacer a un lado las cosas políticas de los mismos.
Siendo presidente de la Federación Mexicana de Diabetes, A. C., firmamos un documento con la entonces Facultad de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Tamaulipas para llevar a cabo un proyecto propio, mismo que fue menospreciado en su tiempo por el entonces “líder moral” de la Facultad de Derecho, Alfonso Pérez Vázquez.
El proyecto titulado “Deja tu huella” tuvo origen en la frase que el mismo Pérez Vázquez externó en una reunión de representantes de alumnos: nos dijo que dejáramos una huella en la escuela, en la universidad y en la vida.
Pasaron los años y el proyecto se enfrió porque no tenía futuro político sino social, y suele suceder, cuando lo reciben quienes hacen política, que no lo toman muy en cuenta.
Lo mismo sucedió en Trabajo Social.
Fue el licenciado Gonzalo Hernández Flores quien vio con buenos ojos el proyecto; en una celebración de aniversario firmamos un convenio, en medio de la algarabía de los muchos estudiantes –en su mayoría, damas- de Trabajo Social. Pasaron los años y nada sucedió.
Pensamos que el proyecto no tenía contenido útil entonces, porque dos líderes “políticos” universitarios lo denostaron y archivaron. Luego supimos que nunca han tenido necesidad de un donador, por eso no le dieron la importancia debida. No pensaron en sus dirigidos o en la sociedad.
La Universidad Autónoma de Tamaulipas se debe a la sociedad, y como tal, debiera responder en TODOS sentidos; el proyecto tenía que ver con un convenio que habíamos acordado con el secretario de salud en turno, para hacer una campaña de promoción para captar estudiantes donadores de sangre, con la idea de que son los jóvenes los que tienen mejores condiciones de salud para ser donadores.
El compromiso de la Secretaría de Salud era, posterior al de la Facultad –en sus dos ocasiones- hacer análisis a los muchachos para saber si estaban en condiciones de donar sangre, lo que tenía dos utilidades: una base de donadores confiable, y el que los chicos supieran su estado de salud actual.
Por parte de la facultad, había que captar a los voluntarios, luego de la campaña de sensibilización, hacer una base de datos en la que podríamos saber el nombre del donador, datos de localización y días, porque muchos salen a sus hogares fuera de la ciudad en días de asueto.
Sabríamos quienes estarían disponibles en todo momento, y se actualizaría la lista cada semestre –hoy período-, y de esa forma reforzaríamos y apoyaríamos a la sociedad en una necesidad sentida y urgente, que suele ser por lo general de vida o muerte.
Ni a Pérez Vázquez ni a Hernández Flores les interesó saber el estado de salud de los estudiantes ni ayudar a la sociedad que les pagaba –y sigue pagando-, devolviendo un servicio social que ellos no harían sino los grupos estudiantiles que pululan en las facultades haciendo nada y jugando, navegando en el Facebook y paseándose en los patios.
Podríamos haberlos convertido en grupos útiles a la facultad, a la UAT y a la sociedad, pero los líderes no se percataron de ello, porque estarían ocupados manteniendo sus posiciones, beneficios económicos y políticos, como suele suceder y sigue sucediendo.
Tenemos esperanza en dos cosas: una, que los universitarios nos sensibilicemos y nos inscribamos como donadores en alguna institución médica, y la otra, que seguros estamos sucederá, que el rector José María Leal Gutiérrez tome esta iniciativa y la haga realidad, demostrando por qué es el único y verdadero líder que debe existir en la Universidad. Los otros, ya no tienen una justificación ni estudiantil, ni política, ni social.
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