Inseguridad cambia percepción social de la muerte

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Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Para el historiador e investigador de El Colegio de la Frontera Norte, Manuel Ceballos Ramírez, desde el punto de vista de la historia cultural en México, la percepción de la muerte es como un paso de un estado a otro, “y viene de las culturas autóctonas que tenían una concepción muy elaborada de la muerte”, explica.

Sin embargo, menciona que actualmente, ante tanta violencia en el país, la percepción que tiene la gente de la muerte, ha cambiado.

“Para el mexicano la muerte es una realidad triste, tal y como lo dijo José Alfredo Jiménez, de que la vida no vale nada. Y esa perspectiva, entre lo divertido que parece, es cierto, pero además el mexicano se acostumbró a burlarse de la muerte, porque como quiera va a llegar porque es inevitable, y por eso la vamos a celebrar y a festejar”, asegura.

Pero en una situación de violencia en que viven los mexicanos, la situación es diferente a la que se ha vivido en otros países, y los efectos de estar expuestos a una muerte inminente, es el arribo de un desgano vital, es decir, que llega un momento en que la gente dice que para que hace cosas o tiene hijos si todo está tan mal en el país.

A ello le sigue el desaliento político, dice el historiador, “ya que quienes tienen la responsabilidad de conducir la violencia legítima, o no lo hacen o no pueden. ¿Qué es lo que está pasando? ¿No hay autoridad? Y ante ello viene este desaliento ante la ausencia del poder”, agrega.

Para Ceballos la concepción de la muerte ha cambiado porque hemos convertido nuestra cultura, en algo empírico, algo de compraventa, en algo materialista en el sentido de que los valores espirituales que cultivaban los poetas, los filósofos y los hombres de reflexión se ha perdido, porque de acuerdo a su análisis, lo que en la actualidad priva es el empirismo más que el materialismo.

“La cultura moderna ya no se basa en el arte, en la reflexión, sino en el espectáculo y en tener satisfactores, en tener y no en ser. Esto se ve en todos los ramos de la sociedad como la familia, las escuelas, los gobernantes y las iglesias mismas, con un afán de tener, y se ha degradado el concepto de la muerte”, agrega.

Dice Ceballos que en una sociedad en donde predomina la violencia, la muerte se siente más cerca que nunca, por lo que se recurre al instinto de conservación, por lo que indica que ante ello hay que sacar valores.

Suma de culturas

Explica que cuando las ideas aborígenes se unen al cristianismo para dar lugar a un cristianismo mexicano, a las ideas de la filosofía cristiana, coinciden con la cosmogonía de las culturas aborígenes más elevadas como la maya, tolteca, teotihuacana, mexica, mixteca, zapoteca y otras.

“Esas culturas tenían una concepción muy consistente de la muerte como un paso. Y en ambas culturas, la aborigen y la cristiana, surge con el añadido que no solo es un paso, sino un paso mejor, que se pasa a una mejor vida, y eso es muy profundo”, expresa.

Pero señala que la muerte se trata de un paso parta mejorar, aunque expresa que tampoco significa que se trate de un alejamiento de los vivos, ya que se trata de la presencia constante de los muertos en la vida de los vivos.

Agrega que en algunas culturas solo existe el regreso, como en la cultura tarasca, la que el Día de Muertos las almas regresan a convivir y a recordar, “y esto tiene una gran riqueza antropológica, porque vivir en presencia de los antepasados da sentido a los vivos”, indica.

Dice el historiador que el escritor Alfonso Reyes es el más claro ejemplo de ello, “porque cuando muere de manera trágica su padre ese 9 de febrero de 1913. Nunca lo olvida y confiesa su creencia de la supervivencia del alma, al no concebir que un ser vivo, cuando muere, muera para siempre”, señala.

Justifica que no se trata de un creencia derivada de la fe religiosa, sino también de la fe filosófica y de la psicología de la imposibilidad de perder para siempre a un ser querido, “porque la base está en el amor, y si el amor es verdadero, no se puede perder”, sostiene.