Llanto, alegría y música en los panteones

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Nuevo Laredo, Tamaulipas.- El llanto de Mayita y de Yaki sale de manera repentina de sus ojos,
cuando el trío ‘Los Mixtos del Ranchito’ entona de manera magistral la canción ‘Te Vas Ángel Mío’, seguida de ‘Despedida con Mariachi’, a los pies de la tumba donde yacen los restos de sus abuelos, sepultados en el panteón antiguo de esta frontera.

Con especial habilidad Jesús toca un descuidado saxofón bajo, mientras que Pedro hace llorar su
vieja guitarra, y Martín el acordeón, por solo 50 pesos la canción y hasta menos, si el cliente les regatea el favor.

A unos metros las observa la madre de ambas, Juanita, de 59 años, cuyos ojos llorosos manifiestan el amor que aún le tiene a sus padres José Luis y María Ignacia fallecidos hace 8 y 15 años respectivamente, y pese al dolor que siente en ese momento, solicita al trío la canción ‘El Muchacho Alegre’, por recordar de esa manera a sus padres.

Viven en Laredo, Texas, pero acuden al camposanto el Día de las Madres, el Día del Padre y el Día de Muertos, y de manera religiosa llevan no solo flores, llanto y recuerdos; también les llevan las canciones que tanto les gustaban, entre ellas ‘El Chubasco’, que dicho grupo musical toca desde que se escuchó por vez primera, hace más de 30 años.

“Esto es un homenaje que les venimos a hacer a mis padres, a quienes les gustaban mucho estas
canciones”, refiere Juanita al pie del sepulcro.

La romería en su apogeo

Al igual que ellos, cientos de personas visitaron este día el viejo panteón municipal. Con flores, agua y comida, la mayoría de las tumbas de este camposanto se vistieron de gala, ya que
familiares lavaron, pulieron y hasta pintaron los sepulcros, aunque sea una sola vez al año.

“Le llevó el agua seño…le llevo el agua?”, le dice un joven a un mujer entrada en años que
apenas puede con su humanidad y un pesado bote que ya no aguanta. Accede a la petición por
solo 20 pesos el acarreo hasta la tumba.

A un lado, un hombre convertido en artesano, repara y pinta con especial talento una imagen
religiosa deteriorada por el paso del tiempo; tal vez por encargo de la familia del difunto al que habían tenido en el olvido por varios años.

Un empleado de protección civil fue sorprendido por un doliente, quien le reclamó que una
imagen cayó sobre la espalda de su madre, y le golpeo un brazo.

–“Deberían tener más cuidado con esas imágenes que se están cayendo sobre la gente. ¿Qué tal
si le cae en la cabeza?”, fue su reclamo al empleado, quien ni se inmutó ante ello.

Afuera del panteón los vendedores ambulantes hacían su negocio con la venta de chicharrones,
carnitas, sopes, tacos de todo, pan de muerto, tortas, churros rellenos de cajeta, café y todo tipo de golosinas y de cosas que nada tienen que ver con esta tradición, como máscaras de luchadores y juguetes.

Era una clara competencia hacia los vendedores de flores, cuyos precios por ramo, a diferencia del año pasado, subieron de 35 a 50 pesos el de flores mixtas o rosas.