Todos sabemos que las cosas están más caras, y negarlo sería faltar a la verdad. Todos entendemos y vivimos la situación del país que ha sido difícil en todos aspectos, más, cuando hemos tenido un gobierno federal que no se ha tentado el corazón para lesionar la economía familiar, la de millones de familias que vivimos al día y que no tenemos idea ya de lo que podría ser un ahorro para las causas difíciles.
Las cargas tributarias son, para muchos, elevadas a grado tal que no se justifica su aplicación, conociendo las limitantes en materia educativa, de salud, seguridad e infraestructura, es decir, no es equitativo lo que se paga por lo que se recibe.
En las constantes alzas a combustibles va el paquete entero de incrementos: muchos, por el pretexto de la gasolina y su precio cada vez más elevado, sin control alguno, suben los precios de sus productos argumentando que el transporte ahora cuesta más, y por ello, deben incrementar sus precios. Eso se llama inflación.
Y en esa batalla, los permisionarios del transporte quieren ser partícipes de la carestía, y desean ser protagonistas de los beneficios que implica el cobrar más de todo, para todos y en todo momento.
Cierto es que las refacciones están cada vez más caras, que una descompostura ya no se arregla con poco, y hay que empeñar el alma para poder pagar a los mecánicos. Los gastos, sabemos los que manejamos, son fuertes, y la inflación no va acorde a nuestros ingresos, o al menos, no de la mayoría.
Los permisionarios tiene razón a medias cuando solicitan un incremento: en Tampico, piden aumento a las tarifas de 50 centavos a un peso por pasajero, para hacer frente a todo lo que vivimos.
Recordamos muchas ocasiones en que se ha pedido a través de líderes de transporte el incremento de referencia, pero no se ha autorizado porque, por una parte, se necesita, y por otra, la ciudadanía no puede hacer frente a tanta alza.
Sin embargo, en contra de los que manejan microbuses, taxis y demás, podemos mencionar que muchas de las unidades que se destinan al transporte colectivo están en condiciones deplorables: ya les suenan las tuercas por falta de mantenimiento y demás.
Recordamos aquella época cuando se hizo un gran esfuerzo por dar créditos que permitieron que los ataúdes rodantes dejaran de circular, para dar paso a los famosos micros, que pomposamente inundaron nuestras calles, sin embargo, hoy en día ya se convirtieron también en chatarra, porque los permisionarios, dueños y choferes no tienen idea de lo que es un buen programa de mantenimiento: se echaron al recurso encima y olvidaron que todo en la vida debe cuidarse.
Debe haber incremento, entendemos que sí, pero también merecemos un transporte digno: que no nos lleven como animales en corral, que haya capacitación para los choferes, que respeten las leyes de tránsito, claro, siempre y cuando contáramos con una autoridad en la materia que fuera competente y no solape, como hasta ahora, las irregularidades de los mal llamados “peseros”.
Entendemos que todos merecemos trabajar y vivir, tener recurso para nuestras familias, pero también entendemos que para ganar hay que merecer, y las condiciones de los “micros” no son hoy en día lo que merecemos los ciudadanos.
Limpieza, pulcritud, atención, observancia a la ley, y algunas otras cosas más son lo que deberían ofrecernos; a cambio, la autoridad debe conceder el aumento que, aunque nos duela y respinguemos por él, es más que justo porque a ellos, los peseros, también les subieron el gas, la gasolina, la leche y las tortillas.
Hay que ser justos, y pugnar por que todos vivamos en ese tenor.
Comentarios: [email protected]