Sin lugar a dudas, las acciones de cada persona ubican su personalidad en la historia, en la magnitud que ellos mismos han labrado; una poco grata costumbre es que por lo general los seres humanos tendemos a reconocer y rendir homenaje a los grandes hombres cuando han dejado este mundo, para colocarse en la lista de los insustituibles, los inmortales… los que dejan ejemplo a seguir.
Tal es el caso de Américo Villarreal Guerra, quien tuvo el privilegio de gobernar a su estado natal, aunado a una serie de acciones personales y profesionales que pusieron de manifiesto su enrome calidad humana.
El ingeniero paseaba por las calles de ciudad Victoria acompañado de su fiel guardia –Chapa- y siempre ocupado saludando a los que reconocimos su trayectoria.
La vida nos jugó una mala pasada y se llevó al hombre que cultivó amistades y sirvió a sus semejantes desde cualquier trinchera.
Aún recordamos aquella carta enviada a David, cuando él era muy pequeño y recibió la misiva del ¡Gobernador! Hay que imaginar el impacto que implica que un pequeño de menos de diez años de existencia reciba la carta del mandatario para agradecer su participación en el homenaje que se hizo en aquella ocasión en el patio de la escuela “Profesor lauro Aguirre”. Era un estudiante de primero de primaria cuando entregó a Américo un discurso por demás emotivo.
El gobernador, con toda su investidura, emocionado hasta el punto de humedecer sus ojos, le abrazó con un afecto que David no olvida hoy que es una persona mayor.
Américo se dedicó a sembrar amigos, y al parecer, fue lo que mejor se le daba, porque por el rumbo donde anduviera encontraba eso: amigos.
Años después de haber dejado la gubernatura tuvimos oportunidad de saludarle en varias ocasiones; no podemos olvidar el gusto con que veía a su amigo que ya había crecido, al igual que el afecto al hombre.
Se rinde tributo al colocarlo en el Pabellón Deportivo, y no precisamente por haber sido un gran deportista, sino por su enorme calidad humana,.
Autoridades de gobierno han rendido un pequeño homenaje a quien se significó por resolver, entre muchas otras cosas, el problema de abasto de agua en la capital de Tamaulipas: el acueducto de la Presa Vicente Guerrero fue probablemente la más importante obra para nosotros, aunque dicho sea con honestidad, éstas, las obras, quedaron también, como sus amigos: sembradas en todos los rincones del estado.
Nos enteramos que un CBTA lleva su nombre a partir del fin de semana pasado. Nada hay más digno que la gratitud con que se recuerda a los grandes hombres, y Américo, lo sabemos quienes le conocimos y tuvimos la fortuna de charlar en varias ocasiones con él, sabemos de su enorme calidad humana, de su sencillez que llamaba la atención y de muchas otras virtudes que, seguramente sus hijos podrían explicarnos mejor, porque tuvieron la fortuna de haber crecido con el hombre, el político, el esposo y el padre de familia.
Personalmente, siempre tuvimos una imagen especial hacia el ingeniero Américo Villarreal Guerra, y nos llena de gusto el ver que se reconocer su trayectoria con las acciones arriba señaladas, sin embargo, no se necesita a veces tener una placa o algo por el estilo, sino simplemente el hecho de que los recuerdos que se guardan en el corazón de cada uno de nosotros lleven la memoria de alguna persona es lo que lo hace especial.
Nos hubiera gustado charlar más con el ingeniero Américo, pero la vida nos ubica en ocasiones lejos de los hombres que pensamos, valen mucho la pena, de forma tal que las pocas veces que cruzamos comentarios se convirtieron en verdaderos premios y tributos a la gratitud, a la amistad y al reconocimiento al tamaulipeco que nos dejó muchas cosas por imitar.
Qué bueno que haya homenajes a este tipo de personas, qué bueno que no hayamos olvidado nuestra condición humana y qué bueno que sepamos ser agradecidos, en forma individual y grupal.
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