“Aquellas personas que no están dispuestas a pequeñas reformas, no estarán nunca en las filas de los hombres que apuestan a cambios trascendentales”
Mahatma Gandhi
Con la precisión de las manecillas del reloj, la cuenta regresiva para el cambio del Poder Ejecutivo Federal sigue su curso y a escasos 15 días de la renovación presidencial Enrique Peña Nieto toma de lleno las riendas de la política interna del país, permitiendo una clara lectura de sus estrategias para deslindarse por completo de Felipe Calderón Hinojosa.
Terminó la etapa de la transición aterciopelada que se difundió en un principio que, en efecto, sirvió para dar a la sociedad la impresión de una sana democracia mexicana, para dar paso a la verdadera esencia de una auténtica alternancia del poder.
No podía ser de otra forma si recordamos aquel aguerrido discurso que pronunciara Peña Nieto al medio día del lunes 12 de marzo, en Dolores, Hidalgo, en su toma de protesta como candidato oficial del Partido Revolucionario Institucional.
Esta semana empezaron a hacer eco frases como: “Hoy, al igual que hace más de 200 años, hay un México que no se resigna a seguir como está; que exige un cambio responsable y de fondo”; “Hoy queda claro que el gobierno ha sido incapaz de proteger a las familias mexicanas”; “Hoy regresamos a Dolores Hidalgo, Cuna de nuestra Independencia, porque nuevamente México dice: “¡Basta ya del mal gobierno!””.
Es la única forma de entender que legisladores del PRI hayan emprendido desde la tribuna del Congreso de la Unión una estrategia de reproches hacia el gobierno saliente al que acusan de heredar al Presidente Electo un país endeudado, un país mucho más endeudado que hacer 12 años: más de cinco billones de pesos tan sólo de endeudamiento interno del sector público.
Es la única forma de entender que a escasos días de haber aprobado la reforma laboral propuesta por Felipe Calderón (uno de sus “principales” logros, según él) los priistas increpen que no cumplirá con las expectativas de generación de empleos y beneficios para los trabajadores que tanto se alardearon.
Pero, sobre todo, es la única forma de entender que a Enrique Peña Nieto le urja devolver a la Secretaría de Gobernación el poder que ejercía antes de la llegada del panismo a Los Pinos, a fin de garantizar la coordinación del gabinete y dar seguimiento a sus políticas, así como generar un nuevo esquema de organización que permita mejorar la seguridad interna y con ello recuperar la paz y la tranquilidad para todos los mexicanos.
Y cuidado, no podemos quitar la vista a la creación de la Comisión Nacional Anticorrupción que pretende “combatir las faltas administrativas y las conductas de corrupción que se viven, lamentablemente, en los distintos niveles de gobierno y, especialmente dentro del Gobierno Federal”.
Las propuestas entregadas esta semana por Peña Nieto a sus representantes en el Congreso incluyen además la desaparición de las secretarías de Seguridad Pública y de la Función Pública, reviviendo el impulso de los programas de combate a la pobreza a través de la Secretaría de Desarrollo Social y transformando la Secretaría de la Reforma Agraria en la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano.
Aspectos drásticamente olvidados por la gestión de Felipe Calderón Hinojosa.
Vaya pues, estas son sólo algunas de las estrategias de Peña con las que se deslinda por completo de la administración saliente y pone en marcha el cambio que prometió y que está obligado a cumplir por el bien del pueblo de México y, de paso, por el bien del partido que lo ha llevado al triunfo y, gracias al cual, dentro de unos días pasará a la historia como el presidente que regresó al PRI a Los Pinos (eso es para que no se ufane Vicente Fox, je, je)
En fin. Por ahora no me resta más que desearle un excelente fin de semana; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.
Hasta la próxima.
Comentarios:
[email protected]