Jugando con fuego

“El hombre que no se contenta con poco, no se contenta con nada”

Epicuro de Samos

No sé si todo fue parte de una estrategia mediática, pero los dividendos que se generaron con la aplicación del plan pudieran revertirse si no se encausan las formas de manera correcta.

Dentro de su propuesta de reforma para adecuar la administración pública, presentada en días pasados al Senado de la República por Enrique Peña Nieto, vía bancada priista, se pretendía desaparecer al Instituto Nacional de las Mujeres como un organismo público descentralizado de la Administración Pública Federal.

Y aunque la idea era mantener esta organización, al intentar incluirla como parte de la Secretaría de Desarrollo Social se estaría perdiendo su “personalidad jurídica, patrimonio propio y autonomía técnica y de gestión para el cumplimiento de sus atribuciones, objetivos y fines” que le atribuye el segundo artículo de la Ley del Instituto Nacional de las Mujeres.

Gravísimo error, además, si consideramos que su objetivo general es “promover y fomentar las condiciones que posibiliten la no discriminación, la igualdad de oportunidades y de trato entre los géneros; el ejercicio pleno de todos los derechos de las mujeres y su participación equitativa en la vida política, cultural, económica y social del país”.

Pero bueno, por el bien de nuestro país (las mujeres somos parte fundamental para el desarrollo de México) de último momento se determinó derogar de la propuesta esa adecuación gracias, en parte, a la presión que diversas asociaciones femeninas ejercieron.

El Presidente Electo demuestra con ello que está dispuesto al diálogo, a la apertura de ideologías heterogéneas, a la observancia y el respeto de diferentes puntos de vista.

Que le apuesta, pues, a la sensatez y a la cordura como factores principales de su mandato.

Pero al mismo tiempo, da la impresión de que su grupo de asesores no cuenta con las mismas capacidades conciliadoras, salvo que la idea sea, precisamente, crear a propósito un ambiente de hostilidad para después demostrar una personalidad benevolente.

De allí que digamos que esas acciones pudieran revertirse si no se encausan de manera correcta.

Lo que es un hecho es que a nuestro país para nada le conviene caer en ese tipo de retrocesos, sobre todo cuando están en juego la tolerancia y el respeto hacia el género femenino cuando fue, precisamente, este sector de la población, el que le dio su voto de confianza a Enrique Peña Nieto convirtiéndolo en el próximo Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Definitivamente no se vale jugar con fuego.

Un México muy optimista.

Pues el Instituto Nacional de Estadística y Geografía decidió salir del paradigma de los fríos números y acceder a la población con una encuesta de “evaluación subjetiva del bienestar a la población”, que arrojaron números cálidos.

La idea, básicamente, fue medir el sentir de los mexicanos, nuestra felicidad pues, sobre todo en los tiempos difíciles que estamos viviendo y en atención a recomendaciones y estándares internacionales.

Los resultados son bastante curiosos y distantes a lo que pudiéramos pensar de manera general.

Según el INEGI, 47 por ciento de personas entre los 18 y los 70 años de edad dicen estar “satisfechos” con su vida, mientras que un 36 por ciento de los encuestados está “moderadamente satisfecho”, cerca del 12 por ciento “poco satisfecho” y sólo el 4.8 por ciento está “insatisfecho”.

La escala de medición fue en función del progreso material, calidad de vida familiar, autonomía, salud y vida afectiva; así como, “sostenibilidad inter-generacional”. De tal suerte, para satisfacción de todos, que la evaluación promedio fue de 8.

Pero como no todo es color de rosa, los encuestados dieron una calificación de 6 a la situación económica, al tiempo disponible y la educación a los que tenemos acceso.

No cabe duda que los mexicanos somos muy optimistas.

En fin. Por ahora no me resta más que desearle un excelente fin de semana; y recuerde ser feliz, junto a su familia será mucho más sencillo.

Hasta la próxima.

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