Críticos, ¿A partir de qué?

Una nota en el diario deportivo español AS nos llevó a recordar a aquellos que se sienten con el derecho inalienable de criticar lo criticable y asumir posturas su­premas, casi divinas, con la idea de que todos, absolutamente todos tienen la culpa… menos nosotros, porque somos tan especialmente perfectos que no nos equivocamos. Nada más falso que ello.

El futbolista del Real Madrid Álvaro Arbeloa escribió en su cuenta de Twiter algo que nos gustó demasiado para compartirlo con quienes nos hacen favor de leer estas líneas: “El jugador del Real Madrid Álvaro Arbeloa publicó en su cuenta de Twitter: “Todos somos expertos de todo y por tanto na­die lo es, pero aún así seguimos criticando. Anton Ego, crítico gastro­nómico de la joya de Pixar Ratatouille, lanza, tras probar la exquisitez del minichef Remy, un pequeño gran discurso: “En mu­chos sentidos, el trabajo de un crítico es fácil. Arriesgamos muy poco y, sin embargo, disfrutamos de nuestra supuesta superiori­dad sobre aquellos que someten a nuestro juicio su vida y su obra. Disfrutamos con las críticas negativas, que son divertidas de es­cribir y de leer. Pero la amarga verdad que los críticos debemos enfrentar es que, en el gran plan de las cosas, cualquier vulgar pieza de basura tiene más significado que la crítica que escribi­mos para descalificarla”.

Y lo anterior nos lleva a pensar en aquellos que se han lanzado con todo y contra todos los que pensamos que la administración estatal o la Universidad Autónoma de Tamaulipas están haciendo bien las cosas, que el Ayuntamiento de Victoria trabaja para todos, o que el Congreso de Tamaulipas ha asumido adecuadamente su papel.

Dice el crítico mencionado por Arbeloa que somos muy buenos para ver lo malo; ayer precisamente comentábamos lo que significa ser criticón, el pensar que todo individuo triunfador es un corrupto, que quien saca diez de calificación fue por “matado” o porque corrompió al profesor, que quien llega a diputado, alcalde o gobernador debe ser, inicialmente corrupto.

La pregunta que nos haríamos: ¿Y nosotros, somos blancas palomas? Todos tenemos algo en la vida que no se manejó en forma adecuada y se cuantifica como error, y lo sabemos perfectamente: no somos perfectos, pero qué tal somos para criticar.

Desacostumbrado a entrar en debates, el columnista “cayó” en Facebook con una discusión sobre aspectos de la televisión en México: de todos es sabido que tenemos muy mala calidad en los comentaristas de noticias, por ejemplo, de Milenio Noticias, un canal que nos atiborra de la misma nota durante más de 24 horas, a través de personajes carentes de dicción, cultura general, conocimiento del lenguaje y de las normas básicas del periodismo, pero que sienten que Pulitzer o Ibarrola son poca cosa al lado de ellos.

Soberbios, faltos de capacidad, pero bueno, cada quien tiene sus cosas buenas y malas. El problema es querer defender a estas causas sin ver los defectos de nosotros mismos. Criticamos, por ejemplo, al gobierno y sus integrantes, desde el mismo mandatario Egidio Torre Cantú, los secretarios y jefes de cada unidad de servicios porque no hacen lo que deben; ¿Qué es realmente lo que deben hacer? ¿Lo sabemos nosotros?

Es curioso, porque no tenemos la capacidad de proponer alguna solución o de reconocer cuando las cosas van bien, cuando buscamos la manera de destacar sobre los demás por cualquier motivo, pero sin afectar la reputación de otros.

No critiquemos, unamos esfuerzos, hagamos lo que nos toca, y entonces, cuando tengamos la meta cumplida, cuando nuestra propia tarea esté realmente hecha, vayamos a corregir a los demás, critiquemos al gobierno cuando, como ciudadanos no tengamos tacha ni en pago de impuestos ni responsabilidades, cando NO manejemos hablando por celular o pasándonos altos, cuando no manejemos automóviles de procedencia ilegal, cuando no nos pasemos luces rojas, o cuando respetemos el sitio de las personas con discapacidad.

Antes de todo eso, los que criticamos, no tenemos motivo, causa ni vergüenza para hacerlo.

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