Durante el acto de toma de protesta de Enrique Peña Nieto como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos hubo de todo desde muy temprano: desgraciadamente, hubo la violencia que muchos esperábamos que hubiera –sin desearlo- y detenidos, actos vandálicos y demás, mismos que fueron inclusive calificados por un perredista consumado como Marcelo Ebrad como “actos de barbarie” y otros calificativos similares.
Algunos reporteros de la televisión mexicana asumieron su papel de voceros de ñolíticos irresponsables dela talla de Ricardo Monreal, quien en forma irresponsable subió a la tribuna a acusar de la existencia de un muerto en las protestas, según él, legales, cuando no fue así, mintiendo a la ciudadanía desde la tribuna más alta que tiene el país: el Congreso de la Unión.
El contenido del mensaje del presidente Peña Nieto seguramente lo podrá leer en algunas notas de este mismo medio informativo, en voz –letra- de conocidos y prestigiados colegas que dominan el arte del análisis del discurso y lo hacen de manera excelsa; los “nacionales2 como el que nos referimos, acusan a la policía de haber hecho uso de la violencia, cuando hemos visto en imágenes que los elementos de tropas locales y federales son agredidos con gasolina y fuego, piedras y demás.
Seguramente, el reportero Becerril nunca supo que los policías tienen familia, tienen miedo de ser asesinados por una turba de manifestantes, tienen intereses personales y derechos como todos nosotros.
A nadie se le quita el derecho a manifestarse, físicamente o a través de su palabra: el derecho a la libre expresión lo hemos defendido desde siempre, y aunque en muchas ocasiones no compartimos el punto de vista de quienes emiten comentarios, respetamos su intervención. Criticamos a quien descalifica al que piensa distinto: hemos sido objeto de calumnias por tener una simpatía hacia un candidato; todos votamos por uno u otro partido y tenemos el libre derecho de hacerlo.
La curiosa actitud de partidos de izquierda de esconder la cabeza es alarmante: el eterno perdedor electoral López Obrador calificó de represión el hecho de evitar que vándalos lleguen a lesionar más a los ciudadanos, a policías que son tan mexicanos como todos, y a los mismos participantes de los actos políticos que tuvieron lugar este 1 de diciembre.
No se vale perjudicar a la nación. Ya estamos bastante dañados con todo lo que ha sucedido en los últimos años como para que se digan todas esas cosas que dañan a un país que quiere vivir en paz.
La mayoría de nosotros quiere vivir tranquila, quiere ver el progreso de México. Miguel Mancera, perredista a más no poder, ha asumido una postura altamente responsable sin calificarse como un arrogante o un lambiscón: como próximo jefe del gobierno de la capital mexicana ha tomado una actitud que debieran asumir muchos de esos hipócritas que se escudan en movimientos fantasmas, dirigidos por debajo de la mesa por gente altamente conocida por los grupos políticos y que se les relaciona con la izquierda conformada por institutos que no han tenido capacidad de tener la mayoría.
México merece otro destino. No es válido, desde nuestra óptica, criticar y descalificar a un presidente que llega y no tiene siquiera un día de gobierno para decir que no sirve. Habrá que ver si lo que hace es bueno o no, pero, ¿antes de hacerlo? No creemos que sea justo ni atinado.
Habrá gente que no haga bien su trabajo, habrá gente que se esmere en brillar y hacer brillar al gobierno de Peña Nieto, pero lo que no se vale es tomar partido defendiendo a vándalos y delincuentes que aprovecharon para robar, destruir y violentar.
A esos, solamente debiera de esperarles la cárcel, el aislamiento social, porque está más que demostrado que no tienen la capacidad humana de vivir en sociedad.
Esos debieran enviarlos a un sitio lejano, donde no puedan siquiera hacerse daño ni a sí mismos.
Esperemos que el gobierno que inicia sea positivo, por el bien de todos nosotros.
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