Migrantes: El retorno de la esperanza

Tula Tamaulipas.- Con los ojos tristes puestos en el horizonte, mujeres y hombres siempre fijan la mirada en los caminos polvosos de Tula, haciendo votos, rezando en silencio o en voz alta para que en el día menos pensado, en la hora menos esperada se les aparezcan los que se les fueron…y ahora con la llegada de diciembre siempre se les renueva la esperanza de que los suyos vuelvan al rancho del que alguna vez se fueron huyendo de la pobreza y corriendo tras el sueño americano.

De 14 hijos que tuvo Doña Fidela Zapata Tinajero, 10 se fueron a buscar su suerte hace más de 15 años a los Estados Unidos, siete de mojados y tres que han llegado a ser pasaporteados:

“Solo mis hijas se quedaron en estas tierras que de tan secas ni mazorcas llegan a dar, aquí se casaron, mis hijos varones se fueron uno a uno, primero los dos más grandes que jalaron a los otros, todos tienen su vida hecha en el otro lado, uno de madre vive con el susirio, porque aunque ninguno se ha olvidado de nosotros, y cada mes nos mandan los centavitos, es una tristeza que los que andan de ilegales cuando mucho llegan a venir cada tres o cuatro años”.

Doña Fidela espera que este año la virgen le haga el milagro al menos los que si pueden venir sin problemas a verla, le lleguen en diciembre:

“En Tula el mes de diciembre es día de fiesta, por las calles las camionetotas luego luego avisan de que están llegando los que se fueron, entre ellos mis muchachos, que a veces vienen con sus hijos y sus mujeres, a uno le da rete harto gusto, hasta parece que nunca se hubieran ido”.

Afirma que aún cuando la distancia es dolorosa sabe que sin el apoyo de sus hijos la miseria que se padece en la zona los tuviera sin siquiera la comida segura:

“Gracias a mis hijos tenemos tele, casa de material y hambre no pasamos, cada mes ellos nos mandan dinero, no para hacernos ricos, pero si para que no falte comida, ropa ni se diga, como muchos de ellos se conocen, con uno que venga, nos trae encargos a todos”.

Hablar de los que esperan a los familiares que se les fueron, es hacer referencia a historias similares, como la de Don Tomás cuya figura es una presencia recurrente en la plaza del pueblo, pues gracias a sus tres hijos pasaporteados no tiene necesidad de trabajar, pues con eso y las ayudas del gobierno, la pasan él, y Lorena, su mujer:

“Si no fuera por los muchachos estuviéramos todos amolados, como los que no tiene gente fuera que los socorra, mi mujer y yo no batallamos a los sesenta años que tenemos, desde hace 15 años que se fueron los hijos, no hay mes que pase que no nos lleguen sus apoyos, son pocos, pero los tres nos salieron buenos”.

Asegura que este diciembre cuando menos le va a llegar uno con todo y familia:

“Cada año nos visitan, sobre todo en diciembre no nos dejan solos, además vienen cargados de cosas y aunque uno no es interesado, si es agradecido y reconoce que por el apoyo que nos llega desde el otro lado, es como tenemos televisión, dinero para pagar teléfono y para tener casa de material”.

En este mismo tenor, al recorrer la plaza de Tula las mujeres esperan y los hombres igual, para el Presidente Municipal René Lara Cisneros, la economía del pueblo depende de los migrantes, hombre y mujeres que se fueron en busca del sueño americano y cuando menos han logrado que sus familiares cumplan su sueño en la tierra que los ha visto nacer:

“Los padres, las esposas, los hijos ya no necesitaron ir en busca del sueño americano a un país ajeno, satisfacen sus anhelos como casa grande, televisiones, teléfonos y camionetas aquí en su tierra, todo pagado con el dinero que les hacen llegar desde los Estados Unidos, eso se ve, porque a nivel nacional nuestro municipio ocupa el segundo lugar en remesas.”

Aunque el municipio de Tula forma parte de una de las regiones más pobres de la geografía estatal según Western Unión, en este año cada semana se reciben hasta cinco millones de pesos cada semana, por eso no es casualidad que en ejidos y rancherías se vean grandes casas y prosperidad evidente, incluso gran parte de la población no trabaja, además como no se tiene banco tienen baja el colchón su dinero, apunta Lara Cisneros.

Por su parte para el investigador Simón Pedro Izcara Palacios, en su libro Migración y Desarrollo, abordando la migración y el retorno de tamaulipecos sustenta:

“Los jornaleros tamaulipecos que cruzan sin papeles a Estados Unidos, lo hacen con un propósito concreto. Tan pronto como pueden satisfacer el propósito que se marcaron en un principio (construir una casa, comprar un carro, pagar una deuda o hacer frente a la educación de los hijos) su estancia en el país vecino carece de sentido.

A partir de ese momento es cuando el migrante se plantea emprender el retorno: “A mí no me gusta Estados Unidos. Duré ese tiempo porque me fui con un

propósito, y ya cuando lo hice me regresé” (Enrique). “Yo extrañaba a mis hijos y a mis papás. Por eso, mejor me vine, dije: «ya, como quiera, ya junté un poco de dinero, ya ayudé un poco a mis papás, ya me voy para México»” (Celestina).

Concluye en estudioso que los trabajadores rurales tamaulipecos que emigran a Estados Unidos, tanto de forma indocumentada como con visas de trabajadores huéspedes, muestran una fuerte tendencia a retornar. El país vecino es contemplado como un espacio donde pueden ganar en meses lo que les llevaría años ahorrar en sus lugares de origen. Sin embargo, el mercado laboral estadounidense es más exigente que el tamaulipeco. Allí tienen que trabajar más horas, padecen una situación de aislamiento social y encerramiento en los campos agrícolas y, además, el dinero no les rinde porque el costo de los bienes y servicios es muy elevado.

Los jornaleros migratorios tamaulipecos no buscan una maximización del ingreso, sino que emigran con un propósito concreto.

“Dos de mis cinco hijos se fueron para no volver, lo hicieron de mojados hace cinco años y de no ser porque ahora uno de mis nietos le sabe al internet y como siempre se acuerdan de nosotros así que hasta computadora tenemos, no recodaría sus caras”.

Para Doña Teresa Torres Martínez, son ausentes que siempre están presentes.