La idea, no exclusiva de Tamaulipas, de que cada sexenio gubernamental –en el contexto federal- nace una reforma educativa, ha terminado por no considerar “serio” este esfuerzo de los que dicen saber todo sobre este delicadísimo tema social.
Según varios análisis de investigaciones formales en el campo de la educación, las adecuaciones que se hacen a las reformas –generalmente sobre ‘la marcha’- originan que el atraso educativo –que no fracaso- sea constante.
Los estudios del tema, aseguran que otras razones de los constantes trastornos son la falta de evaluación a las acciones, inclusive las que se ‘modifican’ o incluyen en las reformas, desde los enfoques metodológicos, las técnicas y procedimientos, así como la utilización de material didáctico en el proceso enseñanza aprendizaje.
Lo anterior impide una apreciación real si fructificó o no la reforma, donde y cuáles fueron los errores para poder accionar en su rectificación o de plano, la necesidad de cambiar todo.
Por otro lado, los planeadores curriculares deben considerar la mentalidad de los niños de esta primera década del nuevo siglo, ya que los educandos tienen nuevas referencias, nuevos contextos socio tecnológicos como las nuevas tecnologías y su difusión.
Dicen que quien tiene el poder, lo tiene todo y desde luego que ante los evidentes resultados de las evaluaciones universales, quienes poseen menos forma de defensa son los profesores del aula. No los comisionados en las secciones sindicales o en las oficinas de las secretarías de educación en los estados. Los ‘patitos feos’ en las evaluaciones siempre son los maestros, los del gis, no los de escritorio.
Los medios políticos locales, nacionales y algunos internacionales aseguran que es Elba Esther Gordillo Morales la responsable del fracaso educativo mexicano y es posible que haya razón. Sin embargo quien quiera entender que la señora profesora de Chiapas, lo que representa son los derechos laborales de los maestros y las determinaciones sobre la formación de los mexicanos de mañana, es y seguirá siendo responsabilidad del Estado Mexicano.
Las autoridades federales y algunas de los estados, lamentablemente han permitido a las secciones sindicales de varias organizaciones, no solo del SNTE, la intromisión en temas ajenos a su área –defensa de los derechos laborales- y las consecuencias han sido catastróficas para varias secretarías.
Sin embargo, desde el ámbito político el mismo gobierno federal se ha dejado amedrentar por amenazas, precisamente políticas. Los medios difundieron aquella grabación telefónica en épocas electorales entre Eugenio Hernández Flores y Elba Esther Gordillo. Son arreglos políticos que nada tienen que ver con la educación.
El SNTE invirtió el año pasado una millonada de dinero y recursos humanos para la organización y desarrollo del V Congreso Nacional de Educación y el III Congreso Nacional de Padres de Familia.
De entrada la idea fue buena, excelente, porque a esos foros hasta el Dalai Lama y gente de Televisa –creadoras de la cinta “De Panzazo”- participaron y las conclusiones obtenidas fueron muy contundentes, lo que provocó todos los líderes magisteriales, incluyendo el que se fue y el que llegó a la sección 30, hablaron de que el SNTE propondría como un nuevo Plan de Educación al presidente electo.
Lo malo de todo este asunto es que el nuevo presidente mexicano ya hasta tomó posesión de su encargo electoral y el SNTE, por lo menos públicamente no ha abierto la boca para decir “Esta es la propuesta no de Elba Esther Gordillo, sino de los maestros y padres de familia que participaron en los congresos respectivos”
Ayer varios periódicos y la TV nacional anunciaron que en el Museo Nacional de Antropología se dio a conocer la propuesta de reforma constitucional que pretende devolverle al gobierno federal el control de la política educativa del país.
Algunos analistas dijeron que la iniciativa de reforma educativa busca acabar con el poder de Elba Esther Gordillo, que está basada en la autonomía plena del Instituto Nacional de Evaluación Educativa con integrantes ratificados por el Senado, para que el Estado forme, conduzca y evalúe todo el sistema educativo de México.
Ya veremos y opinaremos en este sentido, lo que apunto en este espacio es que no hay necesidad de mover la constitución para reformar la educación, solo que cada quien haga lo que le corresponda y es asunto concluido.
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