El magisterio de Peña

Recordamos muchas anécdotas referentes al gremio de profesores que se da el lujo de saberse el más numeroso de América Latina, hemos sabido de sus conquistas, logros y excesos. Hay, en su historia, muchas cosas que debiéramos tener siempre presentes, buenas y malas.
Entre las cosas que pensamos que no son las adecuadas es el hecho de saberse dirigidos por una mujer temerosa de perder el poder que significa dirigir al sindicato más importante de nuestra América, y hacer de muchos de estos nobles personajes, un grupo de vividores.
también hemos sido testigos de la calidad que hubo en la educación hace años, y que como producto final nos dejó a varios individuos que rozamos la quinta década de existencia, con profesores que recordamos por su vocación y respeto a una profesión tan especial como es la del magisterio.
Supimos de los grandes encuentros políticos donde la señora Gordillo tuvo enfrentamientos con más de un secretario de Estado o inclusive, con presidentes, al viejo estilo de un tamaulipeco que lo convirtió en algo cotidiano: “La Quina”.
Sabemos muchas cosas de los profesores de hoy en día, aunque lamentamos que muchos han ingresado porque su padre o madre les ha heredado la plaza y, ufanos, presumen tener las 20 o 30 horas de clase aunque no haya vocación, pero que se presentó porque papá o mamá se jubilaron, y el sistema del magisterio mexicano permite este tipo de actos.
Hoy, el presidente Peña Nieto ha decidido realizar el cambio que muchos de nosotros pretendimos hacer, y que otros, quisieran haberlo vivido: se trata de poner orden en los lineamientos de la educación a todo nivel, y esperar que los resultados sean mejores que los que tenemos hoy en día.
La experiencia académica en la Universidad Autónoma de Tamaulipas nos ha mostrado que tenemos a nuestro cargo una generación de muchachos y muchachas que no saben leer –exactamente, no saben leer- ni razonar una lectura; no saben investigar por ”robots” cibernéticos hacen la tarea por ellos, y utilizan el sistema conocido como “copy-paste”, es decir, copiar y pegar.
Vivimos con una generación de muchachos que no saben lo que es el respeto a los demás, que utilizan el modismo “we” para dirigirse a alguien, olvidando el “usted” o el “perdona”; son hoy, más libres de insultar a quien sea, y podemos ver palabras en sus páginas de Facebook que hace años nos espantaban, y aunque las conocíamos, las empleábamos en ciertos ambientes, pero nunca en ua página pública con nuestro nombre.
Podemos pensar que había menos libertades, sin embargo, lo que sucedió es que se relajó la disciplina en casa, y en la escuela nos permitieron copiar todo de todo, y llegando a una nueva clase, esperar únicamente el dictado para memorizar lo que el profesor deseaba que supiéramos para pasar el examen, y con ello, mejorar su mal llamada “carrera magisterial”.
Hoy, El presidente de México Peña Nieto ha decidido romper con estos tabúes y ofrecer a nuestros hijos y nietos un mejor futuro educativo, y aplaudimos la medida, porque sabemos que con la gente que se ha rodeado puede mejorar muchas cosas, aunque tengan que enfrentarse a la señora Gordillo, que difícilmente dejará de querer ser la poderosa de la educación en nuestro país.
Es probable que vengan paros y manifestaciones sin sentido ni argumento, como suele suceder en estados como Oaxaca o Michoacán; es probable que tengamos a nuestros hijos en casa producto de estos locos paros, pero es más probable, y así lo deseamos, que la Secretaría de Educación Pública sea la UNICA rectora del sistema educativo nacional.
Es casi seguro que viviremos una aventura interesante, sin embargo, hay que hacerlo, por el bien de nuestros hijos: apoyarla en un 100 por ciento, y hacer que volvamos a vivir los días de escuela de antaño, con verdaderos profesores.
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