¡A por ellos!

La temporada navideña tiene sus “bemoles”, como dirían algunos, es decir, sus cosas excelentes, buenas, regulares y las que hay que mejorar; un problema que se intensifica en diciembre y parte del mes de enero es, sin duda alguna, el referente al alcoholismo, a la borrachera, a la brutalidad con que se conducen quienes beben en exceso, es decir, se multiplican los borrachos, para ser claros y directos.

Las autoridades han iniciado u intensivo programa de revisión para evitar que la gente que toma pueda manejar, ya que está por demás demostrado que el alcohol va de la mano con la tragedia: en algunos propicia el desarrollo de enfermedades en el organismo tales como la cirrosis y muchas más, pero en otros, la desgracia de caer, sin tomar, en las garras de una acción irresponsable que está cobijada por el consumo del alcohol en forma desmedida.

Es por eso que muchos ciudadanos aplaudimos el hecho de que haya más control, que los operativos sean más estrictos, aunque tememos que pueda haber consecuencias de malas acciones o excesos de parte de quienes los llevan a cabo.

Llama poderosamente la atención, por ejemplo, el que un agente de tránsito local detenga a un automovilista y le ponga la mano en la boca haciendo un “cucurucho” y diga: “sople aquí”, y con eso determinan si uno está o no borracho.

Entendemos que son gente cuya casi nula preparación los lleva a esos estadíos. Porque no tienen idea de la diferencia en una persona con aliento alcohólico, uno que va tomado y un borracho.

El primero, es aquel que tuvo el atrevimiento –y gusto- de tomar una cerveza en la comida o cena y sale con un aliento que huele a alcohol, o como dicen algunos: “da el tufo” y ellos, con su sucia mano, determinan que uno anda borracho, para aplicar la multa correspondiente, o el pago ilegal para no ser detenido –entiéndase: mordida- y que algunos todavía lo manejan como “modus operandi” cotidiano.

Es digno de apoyar este tipo de acciones; el alcalde de Victoria Miguel González Salum ha dicho que se aplicará la ley con rigor y transparencia, que se busca que los que manejamos en las noches o desde la tarde, tengamos la garantía que no nos toparemos con un “asesino en potencia”, es decir, algún automovilista que venga más que entrado en copas, con los reflejos disminuidos por el uso del alcohol, y con una irresponsable decisión de conducirse en vía pública, poniendo en peligro a más de uno.

Muchas personas mueren por causa del alcohol y, como decía un comercial, sin haberlo probado siquiera. Leemos en la prensa que un borracho causó tal o cual accidente y hubo tantos muertos.

No son las noticias que nos gusta escuchar, pero en lo que respecta a las autoridades municipales y estatales, suponemos que con esta acción de incrementar las medidas para localizar y castigar a los irresponsables “bebedores sociales”, con la ley en la mano, garantizando sus derechos humanos, pero también salvaguardando los de esas cientos de personas que pasan cerca de ellos cuando manejan.

El punto que hay que mejorar es la capacidad de los agentes, cuya labor es cuestionada a diario dada su falta de criterio al aplicar multas o su nula acción para hacer más fluido el tráfico. Nunca vemos a un agente, por ejemplo, en las puertas de las escuelas; hoy es casi imposible verlos en la calle Hidalgo o alguna otra arteria bloqueada por el tráfico. Se escudan en un “no me hacen caso, no puedo hacer nada” para dejar su autoridad para mejores momentos.

Los agentes de tránsito, su director y todos los que intervienen en este tipo de operativos deben entender la importancia que tiene para sus conciudadanos el que hagan bien su labor. Esperamos, sinceramente, que haya un resultado efectivo… y cero abusos y “ mordidas”: que se castigue a los que no cumplen la ley con todo rigor, y si se puede más, pero sin abusar.

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