Los acontecimientos recientes sucedidos en los Estados Unidos, donde 27 personas murieron, nos hacen pensar en la urgencia de llevar a cabo una evaluación de lo que estamos haciendo con nuestra sociedad.
Como seres humanos, ya jodimos al mundo y a la madre naturaleza: el planeta está deshecho prácticamente, y no hay forma en que podamos arreglarlo, porque al parecer, son más importantes los misiles, los yacimientos de petróleo y las guerras, los contaminantes y los detergentes que matan a las especies acuáticas, pro citar solamente algunas cosas.
En el aspecto social, vamos por el mismo camino: hay que dar un vistazo a la sociedad que nos ha tocado vivir y decepciona, como dijo alguna vez Albert Einstein, la manera en que se conducen: los muchachos, niños, adultos y uno que otro anciano viven pegados a una “maquinita” donde están enviando mensajes todo el día, vía SMS o Facebook: estamos más conectados a estas infernales y útiles máquinas que a lo que sucede en nuestro entorno.
En Facebook no encontraremos el abrazo de mamá o papá, de los hijos o hijas, y tampoco encontraremos esa mirada amorosa de quien acompaña nuestras acciones.
Seguramente encontraremos frases como las miles que se publicaron contra Peña Nieto, o las ya trilladas poesías que hablan de cosas utópicas, o simplemente, la nefasta y grotesca caricatura de un individuo al que se le atribuyen innumerables frases.
Nuestra vida está supeditada al celular, y en las clases de licenciatura resulta patético ver que los jóvenes, con la apatía más grande jamás mostrada, están como que sentados y como que no, enfrente de un profesional de la docencia que se desgañita para compartir conocimientos, y ellos, con un ojo en el celular, para estar conectados a las “redes sociales”: muy “nice”, sin lugar a dudas, pero demasiado peligroso.
Convencidos de que los avances tecnológicos deben ser conocidos y dominados, aplaudimos la idea de las redes sociales en Internet –su nombre correcto, ya que las redes sociales existen desde que el hombre existe- y su utilización para compartir de todo tipo de conocimientos. Hemos encontrado a los amigos de toda la vida gracias al Facebook, lo que no tiene precio alguno, pero: ¿y la familia?
¿Dónde están los verdaderos valores humanos que hemos perdido? No hablamos de la campaña de valores que poco o nada tiene que ver con nuestra realidad, pero sí con la necesidad de que padres e hijos en una dirección u otra, compartamos momentos e inquietudes, que nos preocupemos por nuestros hijos y ver lo que pasa en su entorno para apoyarlos con una buena orientación.
Que no se sientan solos y recurran a la “compañía” de las redes sociales en Internet y piensen que los mil mensajes de felicitación son de gente a la que le importa que cumplamos años.
Es necesario, en este tiempo tan difícil que vivimos, encontrar el motivo para poder vivir en familia. La Iglesia Católica tiene grupos familiares, la sociedad debe desintoxicarse de redes sociales un poco y dedicar más tiempo a la convivencia personal que a la de las redes. Urge hacerlo.
No concebimos que en las calles los automovilistas vayan manejando y enviando mensajes: peligroso e irresponsable a todas luces. Hay que cambiar. recobremos los valores de la familia, pongámoslos en práctica y hagamos de esta una mejor existencia.
Si nosotros cultivamos adecuadamente –criterio personal, sin duda alguna, de cada persona- a nuestros hijos, el fruto será un individuo responsable y libre de pensamientos insanos y agresivos. Lo que ha sucedido es una fuerte llamada de atención a conformar un grupo familiar verdadero.
Dejemos lo demás, regresemos a la familia, que mucha falta nos hace a todos, y que será lo mejor que nos pueda suceder.
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