Pasar por la calle Hidalgo en estos días de navidad es una hazaña: el intenso tráfico existente nos hace temer por estar prácticamente “estacionados” en plena calle debido a la cantidad de automóviles que hay y que, en una mayoría considerable, son conducidos por personas sin la mínima capacidad de comprensión hacia los demás, y que paran su marcha en doble –y a veces hasta triple- fila, ocasionando los embotellamientos producto, de la inconciencia de los que manejan, y la terrible incapacidad de los que deben ordenar el tráfico: los agentes locales.
Sin embargo, debemos de señalar que todo este movimiento que vemos tiene sus partes amables, dado que cientos –miles, diríamos- de victorenses acuden a hacer sus compras navideñas; los regalos y demás aspectos que cubre esta necesidad de gastar cuando hay dinero, por concepto de aguinaldos, nos permite pensar positivamente en una reactivación económica de Victoria y sus habitantes.
El hecho de que el dinero se quede en nuestro querido terruño implica que alguien tenga más en una cuenta bancaria, y posteriormente lo lleve a las cuentas de otros que venden servicios o bienes, de acuerdo a las necesidades de quienes nos convertimos en su objetivo: los victorenses-clientes, pues.
Cierto, la enorme incapacidad de los agentes de tránsito local se pone de manifiesto cuando los vemos únicamente en el Boulevard –cualquiera de éstos- con su “pistolita” para captar a quien maneja a más de 50 kilómetros por hora, pero no tienen, ni la autoridad legal o moral, ni el conocimiento para poder regular el tráfico.
Urge, en este sentido, que la autoridad haga algo al respecto, porque no podemos estar ahorcados en unas cuantas calles que se congestionan porque hay demasiados automóviles, además, y es necesario comentarlo, la bárbara falta de responsabilidad de los choferes del transporte urbano, es decir, los llamados “peseros”, quienes colaboran enormemente para estos problemas de vialidad.
Vemos tristemente que se paran donde les da la gana, van matándose para checar a tiempo, pero cuando van sobrados, manejan a “vuelta de rueda” sin pensar en los que venimos detrás.
No se le ocurra parar un poco delante de ellos, porque, previos 1 o 2 litros de gasolina, no cesan de tocar el claxon ni de dar acelerones histéricos.
Todo ello es parte de la vida en la calle Hidalgo y sus alrededores.
Pero nos da gusto que las autoridades municipales y estatales han reforzado en forma por demás considerable la seguridad, ubicando a elementos de vigilancia casi en cada esquina: vemos las patrullas de la policía Ministerial, o de la Estatal, pendientes de cualquier ilícito.
No se podrá detener todo, pero sí disminuye en forma importante, más, porque muchos de nosotros hemos de ir con los bolsillos llenos, producto del aguinaldo cobrado y somos blanco de los que viven robando, sin trabajar.
Hay muchas ofertas en distintos artículos para la gente, e insistimos, la comunión entre el comercio organizado y las autoridades nos permite, si es que llegamos, dar una vuelta con mayor seguridad, y la certeza de encontrar algo mejor para regalar o utilizar.
Por cuestiones naturales, el movimiento inusitado de estas calles propicia que se genere mucha más basura que lo normal, y ahí los del departamento de limpieza del Ayuntamiento tienen una calificación aprobatoria, porque dicho sea con sinceridad, han llevado a cabo un trabajo más que competente.
Como podemos ver, el éxito o fracaso de una campaña de ventas como la que vivimos actualmente depende de diversos factores; el alcalde Miguel González Salum nos ha ofrecido mucha más seguridad en todos sentidos, y vemos que no se ha quedado en la promesa que tanto daño hace a la opinión pública: Miguel nos está dando garantías para vivir tranquilamente en la capital de Tamaulipas.
Para que todo lo anterior funcione, tenemos que apoyar al comercio organizado local, haciendo nuestras compras en la ciudad. Ya no nos arriesguemos a ir a Mc Allen o Brownsville, y tratemos de apoyar la economía local, porque el dinero, siempre “da la vuelta”.
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