Mixtecos en la frontera; lejos de Dios y del gobierno

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Nuevo Laredo, Tamaulipas.- La pobreza, la falta de apoyos gubernamentales y una tierra seca incapaz de producir más, expulsaron a la familia Durán, integrada por nueve miembros (cinco de ellos niños), quienes vestidos con el traje tradicional de la región mixteca, en Oaxaca, sortean a diario en esta frontera los peligros de un tráfico intenso y de una población indiferente a su rica tradición.

Desde la sierra de Huajuapan de León, que en mixteco quiere decir ‘El País de las Nubes’, y a más de mil kilómetros de distancia de Nuevo Laredo, esta familia intenta paliar en los principales cruceros de esta ciudad, lo que ya no puede hacer en los empinados campos serranos de su comunidad.

El patriarca Ricardo, de solo 43 años de edad, es un hombre moreno, robusto pero de baja estatura y de rostro adusto, propio de los nativos de aquella región, tal vez porque la necesidad así lo hizo.

Detiene unos momentos la danza para acceder a la entrevista con cierto recelo: “…aquí andamos, y la misma necesidad nos trajo hasta aquí, porque allá está muy crítica la situación para nosotros: tenemos que buscarle en otros lados”, expresa Ricardo mientras sostiene en sus manos una delgada y fina flauta hecha del carrizo de la región, y bajo un intenso y seco frío de 10 grados centígrados.

En aquella tierra esta familia sembraba maíz y frijol, pero la falta de apoyos del gobierno de Oaxaca ha obligado a que emigren cada año a otras regiones del país unas 30 o 40 familias completas, en busca de lo que ya no hay en Huajuapan.

“No hay ríos ni agua cerca, y por eso no podemos trabajar la tierra. Somos de la mixteca y la mayoría salimos de allá por la pobreza que hay. Muchos salimos a danzar y a vivir de la música, y si no, muchos se van pa’l otro lado (a Estados Unidos)”, explica.

La ciudad de Huajuapan de León es cabecera municipal, forma parte de la región mixteca de Oaxaca, y es la cuna del famoso Jarabe Mixteco, típico del folclor oaxaqueño, que es parte de la tradicional Guelaguetza.

Casi la mayoría de los que han salido son músicos/danzantes, y hablan el mixteco, pero menciona Ricardo que el gobierno oaxaqueño no los apoya en nada: “…el gobierno solo ve lo que más le conviene. Lo único que busca es el bien para ellos, no para nosotros, porque no nos toman en cuenta porque somos pobres y porque somos indios”, lamenta.

Explica que los pueblos indígenas de la mixteca están tan olvidados, que la migración es el único recurso para muchas familias, y señala que cuando se les necesita es cuando ‘llueven’ los apoyos, razón por la que se sienten olvidados tanto por Dios como por el gobierno.

Fortalecen su tradición

Aunque en los pueblos cercanos a Huajuapan de León algunas familias han dejado de hablar el mixteco, porque algunas personas les dicen que hablarlo los hacen inferiores, según explica Ricardo, él hace lo contrario con sus dos hijos pequeños que lo acompañan.

“Los padres ya les dicen a sus hijos que ya no hablen el mixteco porque estamos en otros tiempos, pero mientras no trabajemos en la agricultura, tenemos que sobrevivir y enseñarles a nuestros hijos nuestro dialecto”, explica.

Al igual que toda la familia, Ricardo y sus dos hijos, Juan Demetrio y Carmen Soraima, visten el traje típico de la región mixteca, que consiste en huaraches, cascabeles, taparrabo color blanco o de color, una camisa blanca y un largo y colorido penacho de plumas de algunas aves de la región.

De acuerdo a Ricardo, un traje comprado puede costar hasta 5 mil pesos, pero cuando es confeccionado por ellos mismos el costo baja de mil 500 a dos mil pesos, pero algunas cosas se tienen que comprar.

El pequeño Juan Demetrio está atento a la entrevista, y pese a sus 9 años de edad y a los avatares de la ajetreada vida de sus padres, estudia el tercer año de primaria y está consciente de que tiene que aprender a dominar el mixteco para no perder la tradición familiar.
Carmen Soraima, de 12 años, estudia el quinto año en la misma escuela de su hermano, dice que siempre acompaña a sus padres a donde vayan, y menciona que aprender el mixteco es parte de las materias que cursan en la escuela.

“Nos gusta mucho lo que hacemos porque nuestros papás nos lo enseñan, pero también vamos a la escuela”, dice la pequeña Soraima sentada en la guarnición de la avenida que este día escogieron para su danza.

A danzar se ha dicho

Al término de la entrevista, Ricardo sostiene su delgada flauta y empieza a tocarla con maestría, mientras Juan Demetrio toma un tamborcito y Carmen unas maracas para juntos, hacer la música mientras bailan y se alejan poco a poco del lugar de la entrevista, sorteando los autos con agilidad y solicitando el apoyo de los indiferentes automovilistas.

En el otro extremo de la avenida Reforma, la más transitada de Nuevo Laredo, por ser la ruta de ingreso a la ciudad, su esposa Lorena y su cuñado José Luis, hacen lo mismo con otros cuatro niños que de manera peligrosa, danzan entre los autos y pesados camiones de carga que circulan con rumbo a Monterrey y otras ciudades del sur del país.