“La Navidad agita una varita mágica sobre el mundo, y por eso, todo es más suave y más hermoso”
Norman Vincent
“Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.
“Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor”.
“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor”.
“Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”.
Esta es la forma en que San Lucas nos narra el comienzo terrenal de Jesús en el capítulo dos de su Evangelio.
Estamos en vísperas de festejar la Noche Buena y, por ende, me es imposible dejar de lado una pequeña aportación y, tal vez, la mejor forma es simple y sencillamente transcribiendo parte de ese pasaje bíblico durante el cual se nos recuerda la esencia de esta fecha tan simbólica que estamos a punto de celebrar.
Eso representa la Navidad: la celebración del Nacimiento de Jesús de Nazaret.
Eso simboliza el Christmas: la Misa de Cristo.
Eso significa el Weihnachten: la Noche de Bendición.
Y por supuesto que esta fecha nos obliga a reflexionar en la humildad, en la determinación de un Dios que decide hacerse hombre para salvar a la humanidad, viviendo la humanidad misma; dejando atrás la imagen de un ser superior diferente a nosotros, de facciones hoscas dispuesto a aniquilar lo que un día empezó.
Por eso es Noche de Paz, Noche de Amor, como reza el villancico.
Pero más allá de las cuestiones religiosas, que son esenciales para algunos e innecesarias para otros, estas fechas sirven para promover el principal motivo de nuestra existencia en la tierra: la felicidad, un sentimiento que no tiene distingos de creencias y que todos estamos obligados a experimentar, aun el ser más ermitaño del orbe.
Existe una teoría a la que le llaman la Ley de la Atracción que básicamente promulga que “los pensamientos (conscientes o inconscientes) influyen sobre las vidas de las personas, argumentando que son unidades energéticas que devolverán a la persona una onda similar”.
¿Qué pasaría si todos pensáramos hoy positivamente, en la felicidad, en la armonía? Noche de Paz, Noche de Amor…
Así es, la Navidad está en nuestra mente; pero, sobre todo, la Navidad está en nuestro corazón.
Por eso la Navidad es la época del año en que deberíamos abrir nuestros corazones para dejar que el Cristo renazca en cada habitante del mundo y podamos vivir así en la comprensión, en la armonía y en el respeto hacia los demás.
Definitivamente la Navidad no se trata de aspectos materiales, debe ir más allá de aquellos regalos caros y superfluos, que nunca están de más, jeje, para poder dar gracias, entonces, por el mejor regalo que nos puede dar la vida, que es la vida misma.
Y para quienes nos rodean a veces es más significativo un sincero abrazo, un apretón de manos, una palmada que valore su presencia en nuestras vidas. Una frase que puede marcarnos para siempre.
Tal vez por eso Jesús empezó su famoso Sermón del Monte diciendo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.
En fin. Por ahora no me resta más que desearle, amable lector, una excelente Noche Buena y una muy, pero muy, Feliz Navidad llena de gozo y armonía en compañía de su familia y de todas aquellas personas que le quieren. No lo olvide, la vida es más sencilla vivirla así.
Hasta la próxima.
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