Cala hasta los huesos y todos lo sabemos: el frío decembrino conlleva a muchas consecuencias poco gratas, aunque quizá las más difíciles sean las que tienen que ver con aspectos que no van con lo físico, sino con el espíritu o el corazón.
El frío de diciembre propicia que en lugares como Victoria tengamos temperaturas cercanas a los cero grados: tres, cuatro y demás, aumentan el número de consultas en los hospitales por cuestiones respiratorias.
El doctor Norberto Treviño García Manzo, secretario de salud en la entidad ha comentado que hay un incremento importante en este rubro, aunque asegura que estamos preparados para ello.
En ese sentido, hay que entender que la mayor parte de la prevención será la que se lleve a cabo en familia: cuidar a los hijos y los ancianos es lo mejor que hay que hacer para evitar complicaciones y malos momentos.
El otro frío, muchas veces tiene también repercusiones en nosotros, pero se puede remediar, siempre y cuando exista la disposición de mejorar lo que nos ha afectado, lo que nos ha dañado, para convertir esa temperatura emocional en calor, el calor humano que tantas veces se pregona, que tantos beneficios otorga, pero que pocas veces se lleva a cabo, por la indiferencia, la tozudez o por la estupidez de los seres humanos que no entendemos que vivir tranquilos, en armonía, con amor, con amistad, con confianza, una total confianza, y es entonces es cuando las relaciones suelen afectarse.
El frío de la temporada cala hondo en el corazón de quienes perdemos a un ser querido, de los que estamos lejos de casa, o de quienes vivimos en una total y completa soledad.
Ese frío es el que hay que combatir, que debemos erradicar de nuestra existencia.
Como seres humanos, tenemos la necesidad de afectos, de amistad, de ser dignos de confianza. Miente quien diga que no le hace falta, porque no estamos en este mundo para estar solos, y eso nos queda más que claro.
El frío del alma lo conservan quienes han hecho del dinero y cosas materiales una religión, y solamente piensan en la forme de obtener más de lo que pudieran necesitar ellos, sus hijos y sus nietos. Acumular riquezas materiales tiene mucho riesgo, y no podemos darnos el lujo de desechar los maravillosos regalos que el Supremo Creador ha puesto a nuestra disposición.
El frío que se combate con amor es fácil de erradicar de la existencia de cada uno de nosotros, pero hay que hacer muchas cosas, poner todo el entusiasmo para que no nos afecte más y no congele nuestros corazones.
En tiempos del fin de año, en el último fin de semana, cuando casi todos estamos descansando, es prudente pensar en los propósitos y cosas que tenemos que cambiar cuando llegue el momento.
Como personas, tenemos la firme obligación de crecer todos los días en muchos aspectos, pero hay que dar preferencia al que se refiere a nosotros como seres humanos. Recobremos las amistades perdidas o alejadas de nosotros, no dejemos que los problemas con un familiar sean más largos de lo que ya han sido y afectado lo que vivimos y somos. Es tiempo, sinceramente, de cambiar actitudes, de manejarnos con la humildad necesaria para aceptar lo que nos congele los sentimientos, y hacer todo lo que haya que desarrollar para conservar el calor humano, el que nos hace ser diferentes a nosotros.
Es momento de buscar abrigo: en los seres queridos y cercanos, en las personas que tienen que ver con nuestro desarrollo, en la gente que hace que nuestro trabajo se convierta en una apasionada actividad que hacemos con mucho amor, y además, porque por hacer lo que nos gusta… ¡nos pagan por hacerlo!, como dijo una vez el inolvidable Cándido Mayo.
Es tiempo de combatir ese frío. Usted, ¿está preparado para hacerlo?
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