No podemos negar cuales son nuestros problemas, aunque no es precisamente positivo pensar en las cosas que no funcionan exclusivamente; de hecho, uno debe ocuparse de todo lo que le rodea, bueno o malo, y preocuparse por encontrar la saluda a los problemas. La obesidad sigue siendo el enemigo público número uno de los mexicanos y muchos pueblos más.
En ese sentido, vemos con preocupación que la Secretaría de Salud en el estado sigue gastando dinero en campañas extraordinarias para combatir este flagelo que amenaza con convertirse en el principal asesino; recordemos que a la diabetes se le conocía como “el asesino silencioso”, al igual que a la hipertensión arterial. Bueno, la obesidad se perfila para desbancarlos, ya que de ella emanan una serie de problemas graves de salud, incluidos los dos anteriores y muchos más, destacando los males cardiovasculares, es decir, infartos y esas cosas que no son nada agradables.
Y el dinero que se gasta en el combate a este flagelo bien podría haberse destinado a otras acciones de medicina preventiva, sin embargo, si no se ataja la obesidad, seguramente no alcanzará el dinero para el rubro de salud en poco tiempo.
El secretario de salud Norberto Treviño García Manzo insiste en hacer el llamado a la población de manera urgente para que se tome conciencia de la gravedad del caso. Ya no es el tiempo en que el “gordito” era un niño sano o el punto de bromas del salón escolar: ha avanzado el problema y ser gordo significa muchos problemas.
Recordemos, hay sobrepeso, obesidad leve, severa y mórbida, entre otras clasificaciones que, seguramente, los doctores explicarán mejor que nosotros.
El problema nace en la infancia y adolescencia; muchos padres decimos cuando uno de nuestros hijos experimenta una figura redonda o semi-redonda, que con el tiempo se le va a quitar, que dará el “estirón” y entonces el problema quedará atajado: nada más falso que lo anterior. La obesidad es grave a cualquier edad, y tenemos que verlo de esa manera. Lo otro, lo anterior, es buscar justificaciones a un problema real, es taparnos los ojos ante la gravedad del mismo.
Los seres humanos con problema de peso no tienen un futuro halagador y eso lo sabemos de sobra. No nos engañemos, porque nada bueno dejará el que no veamos la realidad.
Para que se de cuenta del problema, dice el doctor Treviño que las unidades de primer nivel tienen en promedio 2,411 ingresos anuales de adolescentes con diagnóstico que tiene que ver con la báscula, de los que, 1,982 tienen tratamiento nutricio y unos 765 en promedio se mantienen en control nutricional.
Dentro del programa “Familias saludables” que está comprendido dentro del Plan Estatal de Desarrollo se tiene toda una estrategia para combatir este problema. Datos preliminares nos dicen que en el ciclo escolar 2012-2013 que está en curso, un 44.3 por ciento de los escolares tienen problemas de peso: hay que imaginar el tamaño del problema: sencillamente mayúsculo.
¿Qué causa sobrepeso y obesidad? Esta que es considerada por los expertos como una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que tiene forma de prevenirse, establece un desbalance entre el consumo de alimentos y el gasto energético de los muchachos y niños.
Tiene factores que lo motivan como el sedentarismo –falta de actividad física- o ayunos prolongados, exceso en el consumo de alimentos industrializados con bajo contenido nutricional, y factores biológicos que tienen mucho que ver.
Deseaos de todo corazón que las acciones de la Secretaría de Salud tengan eco en todos nosotros, en nuestras casas y familias, porque la verdad sea dicha: el grave, muy grave problema de la obesidad sigue creciendo ante la indiferencia de quienes tenemos la responsabilidad de nuestros hijos.
O qué, ¿No nos damos cuenta cuando comienzan a tener la barriga curva, la cintura amplia, o que su cuerpo se empieza a desfigurar alarmantemente? El padre que no vea eso, o no tiene conciencia, o de plano, no reconoce que el asunto debe atajarse a la brevedad posible.
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