UAT: Versión 2013.1

El 3 de marzo se celebra la autonomía universitaria. Hay en esta historia una serie de hechos que, según algunos, son leyenda o tradición, y según otros, es el significado que se da a la lucha por lograr tan anhelada condición.
Se recuerda a dos personajes clave, siendo uno de ellos el que, en un homenaje añejo, se empleó su nombre para identificar al grupo estudiantil de la entonces Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, sin embargo, hoy en día la escuela está convertida en una Unidad Académica, sin el nombre del mencionado estudiante.
La autonomía universitaria es un tema que se entiende poco por muchos: se dice en pocas palabras, que somos los universitarios entes con independencia total, para bien o para mal: algunos delinquen y consideran que las fuerzas de la ley no tienen por qué entrar a los campus, en aras de defender esa soberana autonomía que no es precisamente una patente de corzo para hacer lo que uno quiera.
La autonomía universitaria es otra cosa, definitivamente.
Tener autonomía significa, según nuestra óptica, optar por la libertad para crecer dentro de los postulados de cualquier escuela de educción superior mantenida por el estado en gran porcentaje. Es la UAT la escuela pública que ha crecido gracias al ritmo que se le ha inyectado últimamente, cuando José María leal Gutiérrez llega a la rectoría y comienza con una serie de cambios sustanciales, básicos… necesarios.
Atrás han quedado casi en su totalidad aquellos vividores que conocíamos como –porros y que no servían para nada, a excepción de delinquir y resguardarse en una autonomía que no era eso precisamente.
Ya pocos vividores de esa calaña están incrustados, y poco a poco se ha ido desterrando su existencia, para beneplácito de los verdaderos universitarios.
Hoy, pensamos que esa autonomía nos permite marcar nuestras propias líneas de acción para buscar la excelencia académica e investigadora; somos autónomos porque dirigimos nuestras propias líneas de investigación sin someternos a una burocrática decisión.
El maestro José María Leal Gutiérrez ha privilegiado la investigación, la academia y la docencia.
Sus enemigos dicen muchas cosas, sin embargo, en el papel están los hechos: estamos mejor colocados a nivel internacional, y eso no se logra hablando, sino actuando.
Y en el marco de esa autonomía encontramos el título de la columna, porque teneos una nueva universidad, bajo la directriz del rector José María Leal y con el concurso de una gran parte de profesores e investigadores, quienes buscamos a diario mejorar la reputación de nuestra alma mater, porque, lógicamente, si mes mejor, mejor somos sus colaboradores, estudiantes y egresados. Nos conviene a todos, pues.
El rector ha promovido esa autonomía durante su gestión, y 2013 no es la excepción: nos ha pedido incrementar las acciones académicas y de investigación para brillar en el ambiente académico y su entorno nacional e internacional.
El trabajo no es fácil y el rector se ha enfrentado con problemática de toda índole, y algunos problemáticos que no han entendido el hecho de que no son bienvenidos ni poco siquiera.
Leal ha cambiado la fisonomía de la UAT, y hoy en día, tenemos mucho mejor reputación en el campo de la educación.
Hay que festejar la autonomía universitaria con hechos, no con grilla, con acciones de investigación y prestigio y no con supuestas evaluaciones. Hay que cambiar el rostro de la UAT aún más, y para ello están sus miembros.
Es la Universidad Autónoma de Tamaulipas una excelente escuela y muchos lo sabemos de sobra.
Hoy nos toca, reconocer a la UAT en el marco de su festejo por la autonomía universitaria, y seguir trabajando para hacer de la nuestra una Universidad de la que todos nos podamos sentir más orgullosos.
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