Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Luego de una semana de viaje desde Managua, Nicaragua, Heidi Vallecillo llegó a esta frontera con la esperanza de cruzar el río Bravo y reunirse con su esposo, quien radica en algún lugar de Texas, y buscar allí lo que en su país nunca tendrá; un mejor nivel de ida y educación para sus dos hijos de 2 y 14 años.
Pero Heidi no viajó sola, fue acompañada de su hija Esmeralda de 14 años, quien abandonó sus estudios para emprender esta peligrosa aventura al recorrer más de dos mil 700 kilómetros desde su país.
“Estoy decidida a llegar a Estados Unidos, y para ello voy a contratar a un ‘coyote’ para que me cruce”, explica con la mirada baja, mientras sus manos nerviosas, se entrelazan y sudan, delatando el miedo que siente por los peligros y los riesgos que le han contado sobre esta ciudad y el río Bravo.
“Espero que me vaya bien, pero sí tengo miedo por lo que he escuchado que es muy peligroso, pero lo voy a intentar”, exclama decidida.
Morena, de baja estatura pero temperamental, esta mujer de oficio pescadora en la costa atlántica de su país, viajó en autobús desde la frontera de Guatemala con Chiapas, y como explica, no tuvo problemas en el viaje.
Como pescadora Heidi obtenía como ingreso diario 60 córdobas, el equivalente el 31.29 pesos mexicanos, lo que es insuficiente para vivir, pese a la abundante pesca que obtenía bajo jornadas laborales agotadoras.
“Voy en busca de trabajo para ayudar a mis hijos. Quiero comprarles ropa, zapatos y ofrecerles una mejor calidad de vida”, explica tras mencionar que la gente es cada día más pobre por la falta de programas gubernamentales que mejoren los salarios, de oportunidades para estudiar.
Abandona la escuela
Tal vez por ello su hija Esmeralda decidió acompañarla en este incierto viaje hasta esta frontera, para reiniciar la aventura en un país en donde solo uno de cada 10 nicaragüenses logra su objetivo.
Aun así, la joven Esmeralda está decidida, al igual que su madre, a no voltear hacia atrás e ir en no busca del ‘sueño americano’, sino de su propio sueño y acompañar a su madre hasta llegar a su destino.
Como ella, el 25% de sus amigos que viven en la misma comunidad, abandonaron sus estudios de secundaria para emprender la misma aventura aunque en tiempos diferentes, pero con la misma decisión de llegar a su destino con familiares que ya trabajan en Estados Unidos.
“Creo que son muchos los que ya salieron de Nicaragua, y aunque tengo mucho miedo, tengo confianza en lo que está haciendo mi madre, y en Dios”, expresa mientras voltea la mirada hacia su madre, sentada a su lado en tono pensativo.
Ya son 90 mil que llegan a la Casa del Migrante
Aunque estas dos mujeres no tuvieron problemas al llegar a Nuevo Laredo, de acuerdo al sacerdote católico, Jesús reyes, director de la Casa del Migrante, hasta donde llegaron ambas, el 20% de los 80 migrantes que acuden al refugio, fueron objeto de abuso en su trayecto desde la frontera con Chiapas.
“El 20% de los que llegan aquí denuncias que fueron objeto de abuso, extorsión, secuestro y robo, pero en su viaje por todo México”, explica el sacerdote.
Menciona que los lugares más peligrosos para los migrantes son además de Nuevo Laredo al bajar del ferrocarril, Veracruz, Huehuetoca en el Estado de México, Oaxaca y Chiapas.
Pero no todo es negativo, explica, ya que algunos migrantes han sido bien atendidos por elementos de seguridad que luego de revisarlos, los trasladan en las patrullas hasta el albergue, para que no sean víctimas de los delincuentes.
En comparación con el año pasado en sus dos primeros meses, la cantidad de migrantes que son atendidos en el albergue, disminuyó hasta un 10% aproximado, al llegar en las últimas semanas solo 30 personas en vez de las 40 que normalmente eran atendidas.
Desde que abrió sus puertas la Casa del Migrante, hace 9 años, han sido atendidos cerca de 90 mil, la mayoría de Honduras, seguidas de Guatemala, El Salvador, Nicaragua y otros países de centro y Sudamérica.


