Viva la familia

Para muchos de nosotros es lo más importante, sin embargo, otras personas no concuerdan aunque digan lo contrario: la familia es, sin lugar a dudas, el núcleo social más importante: raíz de todo lo que somos y lo que podemos realizar, fuente de conocimientos y de formación moral, espiritual, sentimental y todo lo que nada tiene que ver con lo material, para resumirlo.
Es la familia esa parte que nos hace ser lo que somos: quienes hemos vivido y experimentado la maravillosa oportunidad de ser padres sabemos que cuando estás en un grupo tan especial como la familia, no hay nada que pueda saber mejor que una charla con los seres queridos, la orientación o discusión, la forma de expresarse y de compartir los mágicos momentos.
La familia es y ha sido para nosotros una fuente de sentimientos maravillosos que tienen que ver con el desarrollo, lo que somos y lo que transmitimos. Ha sido en ella donde aprendimos lo que es la solidaridad y el amor, donde la amistad es primero que todo y el cariño se comparte sin distingos, sin limitaciones de ninguna especie. Es pues, la familia, la base de nuestra existencia.
Y hay en primera instancia la familia que hemos dejado atrás: mamá y papá, los hermanos y nada más, porque fuimos especialmente solos, o al menos, la vida así nos marcó para aprender a sobrevivir en un ambiente un tanto hostil, pero lleno de amor.
Posteriormente, y a partir de una nueva etapa, vivimos lo que es ser cabeza de familia: la pareja y los hijos que, en forma especiada inicialmente llegaron, pero luego como racimo se completaron, inundaron los sentimientos especiales, los que nos han permitido sobrevivir en tiempos y situaciones difíciles, en épocas de salud y enfermedad y en la víspera de la muerte inclusive; ha sido la familia el soporte de una existencia llena de experiencias de toda índole, pero maravillosas, porque conforman la historia personal que hoy por hoy compartimos en vivencias y escritos.
Somos parte de una familia que, separada por el destino y alguna de esas almas que se dedican a hacer el mal se apresonan para destruir la felicidad de otros, pero seguimos siendo ese grupo y núcleo de amor y generosidad.
Son los hijos lo mejor que puede nacer del fruto de una familia, cuando con su presencia y su amor nos permiten ser lo que somos: la mayor de las bendiciones que puede uno tener, sin lugar a dudas.
Y el fin de semana se llevó a cabo el llamado “día de la familia”, y marzo, tradicionalmente es el “mes de la familia”. Pensamos: ¿es necesario que sea durante un solo mes o día?
¿No es la familia la base de nuestra existencia?.
Somos de la idea de que ésta –la familia- forma parte de ese templo que hace confluir lo divino de lo humano, y se personifica en seres pequeños producto de una relación amorosa y que llamamos HIJOS, entendiendo el término como una especia de ángeles que llegan a la casa para iluminar, cambiar a la gente, para enseñarnos a compartir y dar amor, para entregarnos una total confianza en su formación, haciéndonos creer que somos nosotros los que les formamos, cuando en verdad, sin ellos los que nos hacen ser lo que somos.
Es la familia, pues, el mejor de los pretextos para certificar la existencia de un Dios, de un Ser Supremo que nos ilumina en cada momento, y nos da la luz para seguir caminando en ese tramo tan especial y lleno de sorpresas llamado VIDA.
Es pues, el pretexto mejor para agradecer a quien todo lo puede por ser parte de una familia.
Lejos, de cualquier parte del mundo, pensamos en la familia y entendemos que son lo que son sus integrantes gracias a los tiempos que hemos compartido.
A pesar de todo lo que sucede, la familia, mi familia: mi realidad y mi perenne homenaje.
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