Se ha criticado duramente la acción que emprende el Instituto Nacional del Fondo de la Vivienda para los Trabajadores –INFONAVIT- contra los trabajadores y ex trabajadores que no han cumplido con su calendario de pagos y han entrado en cartera vencida; clientes morosos, dirían los comerciantes, pero la verdad sea dicha, es una gran mayoría la que tiene problemas de liquidez y quiere buscar lo que sea con tal de no perder su patrimonio.
Las políticas del INFONAVIT han cambiado muchas veces en los últimos años: antes, pagar era cosa más sencilla que hoy, y se podía enfrentar ese compromiso y más, es decir: pagábamos la mensualidad y podíamos comprar muebles para la misma casa, pagar los gastos de una familia y vivir tranquilos. Hoy no se puede tan fácilmente.
Sin embargo, en descargo del Instituto, hay mejores planes desde nuestra óptica: hoy en día se puede acceder a un crédito por segunda ocasión de acuerdo a políticas específicas, es decir, que antes cuando le daban al trabajador una acción de vivienda, fuera crédito, adjudicación o lo que fuera, ya no tenía uno derecho en su vida a otra acción.
No podíamos tener aspiraciones de mejorar nuestra casa, porque el INFONAVIT pensaba que no éramos dignos de esa acción.
Afortunadamente hoy se puede, pero aún así, hay miles de personas que tienen problemas de liquidez y deben muchas mensualidades; funcionarios del instituto nos han comentado que hay quien debe hasta 5 o 6 años de mensualidades, lo que resulta perjudicial para aquellos que aspiran a un crédito, porque el fondo de la dependencia no se recupera, propiciando que haya menos acciones de vivienda nuevas.
La gente no quiere que le quiten su casa, pero tampoco quiere pagar en un porcentaje muy importante; no todos están en esa situación. El problema es saber quien está realmente “emproblemado”, o quien lo hace por vividor, que los hay y muchos.
Claro que no está bien el que no se pueda pagar la deuda, porque nos llevamos entre las piernas a muchos trabajadores que quieren casa, y que inclusive, pudieran ser nuestros hijos o gente cercana.
Nada justo es que no nos atiendan, pero tampoco que no respondamos a un compromiso asumido. Deberíamos buscar la manera de renegociar la deuda o de plano, buscar otra opción de vivienda.
No se nos hace justo que la gente pida que se le de casa porque es una obligación del estado. Nuestros hijos también son justos merecedores de una vivienda como todos los de nuestros conocidos, sean de clase baja, media o alta: todos queremos una vivienda propia, pues.
El que el hijo no tenga casa preocupa a todos, pero hay que pensar que en Tamaulipas somos 3.5 millones –en números redondos- de personas, las que queremos tener un patrimonio. ¿Cuál es la diferencia entre alguien que gana poco o alguien que gana suficiente, contra el que no trabaja?
Tenemos que aprender a sacudirnos ese paternalismo que gobierno nos inculca, y dejar de pensar que tienen obligación de darnos casa. Si así fuera, que todos tengamos un terreno, que se conviertan los fraccionamientos de lujo y residenciales en colonias con condominios. No es la solución: hay para todos los gustos y presupuestos.
Somos de la idea de que quien debe tiene que acercarse, forzosamente, al INFONAVIT a ver el estado de su adeudo y asumir su responsabilidad, entregar cuentas y ponerse al corriente.
No nos parece justo, -insistimos- que el gobierno nos de vivienda, porque no alcanza para todos, y no sabremos qué criterios aplicarán para adjudicarlas.
Si estamos dentro, ¡Qué bueno! Es una maravilla el INFONAVIT, pero si quedamos fuera, son unos ladrones, inconscientes, tramposos, hijos de su…
No, por ahí no va la cosa: hay que asumir y pagar, que para eso nos apoyan con un crédito de los llamados “blandos”, con interés bajo.
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Atentamente
Carlos David Santamaría Ochoa Ph.D.
A.I. Periodismo y Comunicación
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