El título de la película aquella nos lleva a ciertas reflexiones, ahora que se ha puesto en marcha el programa federal para, según sus postulados, combatir este problema que afecta a millones de mexicanos y que, en la entidad, aunque en menor escala que otras entidades, se presenta a niveles de todo tipo, desde leves hasta los más alarmantes.
La pobreza extrema con que vive un porcentaje importante de la población es tema de preocupación de cualquier administración. Recordamos, por ejemplo, cuando uno viaja a San Luis Potosí, cuando se circula por la carretera y encuentra cientos de personas vendiendo reptiles, aves y lo que puedan con tal de obtener un ingreso, por pequeño que sea, para tener el recurso que mitigue sus necesidades nutricionales.
Es la alimentación un tema de preocupación en todos los sectores: el sector Salud tiene programas que buscan combatir la desnutrición propiciada, en ocasiones, por gente que no sabe comer, y en otras, por la que no tiene qué comer.
A éstos últimos va destinado el programa, y se enumeran distintas acciones importantes que buscan mejorar la calidad de vida de los mexicanos. No es fácil la empresa, porque la comida no se da en macetas gratuitas: en ocasiones, hay que sembrar y en otras hay que luchar por tener recursos que permitan la adquisición de alimentos.
Entendemos que nadie tiene hambre por gusto, salvo aquellas personas empecinadas en una figura que no tuvieron la inteligencia de conservar y que, ahora, metidas en un cuerpo obeso, grotesco en ocasiones, quieren encontrar rápidamente la manera de recuperar.
Los muchos –millones- de personas que no comen porque no tienen con qué son el blanco del programa federal que impulsa el presidente Enrique Peña Nieto y que es apoyado por los gobiernos estatales, y en la medida que se puede, por los municipales.
Hay que hacer mucho para evitar que siga habiendo esos niveles de hambre y lo sabemos, aunque siendo honestos, la empresa no se antoja sencilla: cambiar costumbres y actividades en la geografía tamaulipeca no será nada fácil.
Enfatizamos, el programa no va encaminado a quien no come por gusto, sino a esas personas que no tienen forma de allegarse –ni ellos ni para sus familiares- los alimentos necesarios.
Entre las medidas que suponemos se tendrán que instrumentar podría incluirse la que pueda propiciar una mayor productividad en sitios donde ésta es deficiente; el ejemplo de la zona del Altiplano es muy sugestivo, porque por las condiciones geográficas y climatológicas la gente batalla para producir alimentos, y la pobreza tiene en ese sector su máxima expresión en la entidad.
También habrá que en las zonas de marginación urbana: los cinturones de miseria en los que vive un importante porcentaje de la población, y donde muchos de éstos son menores de edad, en condiciones de ser atendidos de forma urgente por las características de su desarrollo.
Estaremos pendientes de la información que surja sobre este programa, porque están incluidas varias dependencias estatales y federales con un mismo objetivo.
No es tiempo de criticar como hacen algunos agoreros del desastre y el pesimismo, o aquellos que dicen que no se hace nada, cuando sus afines no se preocuparon por garantizar una nutrición, si no adecuada, suficiente.
No criticar debe ser la premisa, y unirse a esta lucha contra el hambre, donde quien gane sea ese tamaulipeco que hoy no tiene qué comer.
El programa es noble, tiene buenas intenciones, y nosotros hacemos votos porque constituya un éxito su instrumentación, que muy buena falta hace a los mexicanos.
Comentarios: [email protected]