Realmente, es deprimente ver a un grupo de vándalos, delincuentes cobardes y anónimos que se desplazan perjudicando a millones de mexicanos.
Los integrantes de ese grupo que se denomina CETEG, y que no es más que una banda de delincuentes disfrazados de maestros y otras cosas, pululan por el territorio guerrerense jorobando la vida de los demás, destrozando y haciendo desmanes.
Igual sucede en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde un grupillo de infelices inadaptados causaron destrozos en la rectoría de la Máxima Casa de Estudios del país, dañando el mural histórico de uno de los más grandes mexicanos en el mundo de las artes plásticas: David Alfaro Siqueiros.
Nada ni nadie les detiene. Antes, habían destrozado las oficinas del Colegio de Ciencias y Humanidades, y además, exigen que no se les levanten cargos.
Insistimos: ¿Dónde está la autoridad?
No sabemos si sus demandas son justas realmente. Nosotros consideramos que están fuera de contexto pero es nuestra opinión.
Lo que nunca se va a justificar es el uso de la violencia y la violación de los derechos constitucionales de otros, como sucedió en Guerrero donde estuvieron los “representantes populares” secuestrados por estos delincuentes que, amparados en un cobarde anonimato, lanzaron piedras y se armaron con tubos y demás.
Cualquier grupo puede ir a hacer desmanes, destrozar, golpear a elementos de cuerpos de seguridad sin que pase nada. Preguntamos entonces donde están los derechos constitucionales y judiciales de quienes deben salvaguardar el orden, porque para muchos es natural ver policías desarmados en las manifestaciones, pero cuando los agreden a ellos con fuego, piedras o tubos, nadie se queja.
O somos o no somos, en otras palabras.
No aceptamos que un elemento de seguridad emplee la violencia para detener a rijosos, sin embargo, quisiéramos saber cual es la fórmula para que los delincuentes no los agredan y no los balaceen, no los apedreen o algo por el estilo.
Ahí está el cobarde escudado en una fantasmagórica máscara que dice que “va” por el comandante que puso orden en la carretera Del Sol.
¿Por qué se permite todo eso?
No se entiende que no queremos violencia, que hay una reforma educativa elevada a rango constitucional que no puede ser sujeta a los caprichos de los holgazanes que tienen miedo a ser evaluados porque no tienen capacidad para demostrar que sus trabajos son injustos.
Injustos, porque no tienen conocimientos ni métodos pedagógicos para enseñar, no les gusta asistir, hacen puentes, holgazanean todo el tiempo, pero se ofenden cuando se les pide ser evaluados.
Si fuéramos representantes populares les diríamos a las autoridades que la gente quiere paz, quiere vivir tranquila, que estamos hartos de marchas sin sentido ni motivo, porque la mayoría no tiene jodida idea de lo que piden; no conocen la reforma educativa, el documento y sus alcances: solo conocen el hecho de ir a holgazanear, parar clases y jorobar a los demás.
Es indignante vivir en una nación que solapa todo ello en aras de garantizar los derechos humanos de los manifestantes. ¿Y los ciudadanos qué?
¿No merecemos que garanticen nuestros derechos constitucionales y nuestros derechos humanos?
O qué, ¿tenemos que salir a las calles a romper vidrios para ser escuchados? El estado de derecho está violado, vulnerado, hecho trizas, y es tiempo que alguien tenga la autoridad necesaria para hacernos entender a todos que el régimen es aplicable sin distingos ni consideraciones, y que el que cometa actos vandálicos tiene que pagar con lo que la ley establece, solo eso.