Nuevo Laredo, Tamaulipas.- Francisco Guerra es un jornalero de 26 años de edad que ha cruzado el río Bravo hasta en seis ocasiones cuando requiere de trabajar para ganar dinero, y aunque las mismas veces fue deportado y encarcelado durante seis meses por ser reincidente, en estos días intentará sortear nuevamente las aguas del caudaloso río.
No le teme a la muerte ni a la ‘migra’, a quienes dice ya conoce por las veces que lo han detenido, pero aun así, dice que si lo detienen aceptará la deportación voluntaria.
No recuerda cuando fue la primera ocasión que cruzó la frontera: “…uhh, ya tengo como desde el 96, y cruzo por el río, pero me cruzan (pateros) por 600 dólares en cada ocasión, porque ya me conocen”, explica con naturalidad este joven de aspecto descuidado y sucio.
Es originario de un poblado pobre de Guanajuato, de donde emigró hace muchos años para emprender la aventura que muchos paisanos suyos ya intentaron.
“Estuve dos meses encerrado en la cárcel de Del Rio, por reincidente…pero siempre me preguntan lo mismo porque ya me conocen”, reitera.
En varios lugares de Texas Francisco trabaja la yarda, es decir, corta el pasto y arregla los jardines de personas que lo contratan, quienes dice que también conoce, quienes le pagan hasta 30 dólares por jornada, y en un día realiza en ocasiones hasta tres.
¿Tienes familiares en México?
“Sí tengo, pero en Estados Unidos tengo algunas…amigas…”, dice con algo de pena.
A Francisco lo deportaron el 12 de abril, luego de estar preso dos meses, pero menciona que en el Centro de Detención para indocumentados lo trataron bien y comía bien, y con algo de sátira menciona que siempre le dicen lo mismo a los detenidos, que se porten bien y que no intenten cruzar otra vez.
“Pero yo no hago caso, porque tengo que cruzar porque necesito trabajar. De algo tenemos que vivir, ¿no?”, cuestiona.
En Guanajuato Francisco era campesino, cultivaba maíz y frijol por una miserable paga, lo que no compara con los 80 días dólares diarios que gana en Estados Unidos, razón que lo motiva siempre a cruzar la frontera.
Aunque en esta ocasión no conoce a nadie en particular que lo cruce, dice confiado que “siempre hay gente que le ayudan a uno”, y la hora es lo de menos, ya sea de día o de noche, pero lo importante para él es no dejarse atrapar por la ‘migra’, añade sonriente.
De los peligros, dice que solo las víboras y los coyores rabiosos, ya que no teme a las personas ni a la migra, aunque ha sufrido varios asaltos en Nuevo Laredo de parte de civiles, quienes le quitan el dinero luego de ser golpeado.
En caso de cruzar bien el Bravo, busca a personas que tienen sus casas descuidadas, a cuyos propietarios les ofrece su trabajo por una paga mínima de 30 dólares, y en ocasiones trabaja hasta en 6 casas, y el dinero lo envía a sus familiares en Guanajuato.


