Nuevo Laredo, Tamaulipas.-A sus 108 años de edad, Juanita Tafoya, una longeva mujer que nació en los albores de la Revolución Mexicana, aún tiene deseos de vivir, y aunque la memoria le falla al no recordar con lucidez su juventud, una sonrisa le invade cuando narra cómo conoció a Doroteo Arango, el popular ‘Pancho Villa’, en su natal Durango.
Menudita y muy frágil de cuerpo debido a su avanzada edad, Juanita no padece enfermedad alguna, al menos no de las que tratan los médicos, solo le falla la memoria y se le dificulta hablar, pero ello no impide que al recordar parte de su vida, sus pequeños ojos se invadan de llanto al nombrar a su difunto esposo Teodoro Caldera, quien peleó al lado del caudillo en los tiempos recios de la lucha armada.
“Sí…conocí a Pancho Villa…mi esposo se fue con él”, dice con pausada y cansada voz, aunque su hija María de Jesús Caldera, sirve de interprete durante la entrevista que se realiza en la humilde vivienda que habita en la calle Agrónomos, de la popular colonia Solidaridad, en este municipio.
De abundante pelo blanco, rostro y manos surcados por infinidad de arrugas que denotan su avanzada edad, Juanita presume que puede ser la mujer de mayor edad en esta ciudad, y tal vez de algunos municipios vecinos.
“Soy muy vieja, sí…muy vieja. Mi esposo anduvo con Pancho Villa porque se lo llevó la leva”, menciona tras una forzada risa, al referirse a la forma en que los hombres eran reclutados en el ejército revolucionario, antes de casarse con él al finalizar la lucha armada.
La mañana es fresca aunque es mediodía, por lo que su hija la viste con ropa de algodón para mitigar el frío que la entume, ya que la entrevista se hace en el patio frontal de la casa, tal vez porque no se han hecho los quehaceres matutinos.
Su cabeza la cubre la capucha de un suéter azul claro que no impide ver su pelo largo y canoso, aunque sin el brillo de su juventud, cuando usaba dos enormes trenzas negras que le llegaban a las caderas, una regla muy propia de las mujeres que acompañaban a sus hombres a la lucha armada.
Se vestía de soldadera, con falda muy larga y floreada, botas negras, muy pintada del rostro y las obligadas trenzas largas, regla que tenía que cumplir si quería subirse al tren para venderle las gorditas que hacía en el comal de leña, a la tropa que se iba a la lucha.
“Mi mamá era muy bonita, de piel muy blanca y ojos claros, y usaba las faldas largas de la época”, refiere María de Jesús, quien lamenta no tener en su poder recuerdos de la juventud de su madre, ni una foto, ni un vestido, menos un recuerdo del esposo ni del caudillo del norte.
“No sé quién tendrá algo, porque nos venimos de Durango cuando yo era muy chica, pero no tengo nada de ella que me diga como era de joven”, expresa María de Jesús.
La mayor parte de la entrevista fue con la hija de Juanita, ya que su cansada voz la hace inteligible a los oídos de este reportero, pero aun así, con frases entrecortadas y algo de lucidez en sus recuerdos, señala que era una niña cuando ‘la revolución’ se llevaba a las mujeres como acompañantes de los soldados revolucionarios.
“Yo tenía cuatro años. Recuerdo mi casa en Durango…teníamos un comal con leña en donde mi madre hacía las tortillas con maíz molido en el metate. Las hacía con la nata de la leche de las vacas que teníamos en el establo”, dice María de Jesús.
Añade que en el rancho (su casa), se comía mucho huevo de la granja familiar, y aunque no había abundancia de dinero, había mucho que comer.
Sin embargo, desde que llegó a Nuevo Laredo, las cosas no fueron mejores para juanita, ya que la pobreza y las carencias son el signo de todos los días, pese al privilegio de ser una mujer con vivencias de dos siglos, y haber engendrado cuatro generaciones de descendientes, tres de ellas presentes en el momento de la entrevista.
“Estamos muy fregados, y no creo que le vayamos a festejar el 10 de mayo a mi mamá, porque no tenemos dinero. A veces no tengo ni para comer”, dice María de Jesús, uno de los doce hijos que procreó Juanita; pero solo viven además de ella, María, Marisela, Teodoro y José.
Doña Juani, como la conocen en el barrio donde vive, nació el 3 de abril de 1905, y un acta de nacimiento oficial del gobierno de Durango, da fe de ello, pero desde hace muchos años que no le festejan ese día porque su familia es muy humilde y carece de muchas cosas, por lo que no hay ni tiempo ni dinero para festejos.


